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viernes, junio 5, 2026

La democracia avanza y el comunismo disfrazado retrocede en Honduras

La decisión hondureña envía un mensaje a Nicaragua y Guatemala: los pueblos pueden frenar a los gobernantes que traicionan su confianza.

Editorial Diestra la Revista

Washington, diciembre 1 de 2025.   Las elecciones generales en Honduras enviaron un mensaje inequívoco: la ciudadanía decidió frenar el proyecto político de la familia Zelaya-Castro. Más allá de quién resulte ganador en los números finales, el veredicto popular fue claro: Honduras le dijo NO a un modelo que, tras dos oportunidades en el poder, no logró iluminar un camino de solución para los grandes problemas nacionales. Por el contrario, Mel y Xiomara Zelaya eligieron llevar al país hacia un proyecto ideológico extremo, atado a la Cuba post-Castro y al decadente ecosistema del chavismo que hoy encarna Nicolás Maduro.

Lo ocurrido en Honduras es más que un giro electoral: es una advertencia regional. Nicaragua debe observar esa luz de libertad. Daniel Ortega —y la Presidenta no electa, Rosario Murillo— deberían entender que los nicaragüenses están agotados de los abusos, del autoritarismo y del creciente aislamiento que su régimen ha impuesto. Ortega debería abrir los ojos, porque los pueblos de América Latina lo están haciendo, uno a uno, con valentía y cansancio acumulado.

Guatemala tampoco escapa a este despertar. El presidente Bernardo Arévalo ha decepcionado a quienes confiaron en él para conducir el país. Su llegada al poder, marcada por cuestionamientos y señalamientos de interferencia de fuerzas e intereses extranjeros, se ha visto agravada por crecientes dudas sobre su capacidad para gobernar. Su desconocimiento de la función pública, la protección descarada a cercanos que han violado la ley y la permisividad ante la corrupción han sumido al país en mayor pobreza, criminalidad y un deterioro acelerado de sus instituciones, hoy cegadas por la ambición desmedida.

La gran pregunta es si nicaragüenses y guatemaltecos tendrán la fuerza y el valor para exigir que sus gobernantes retomen el rumbo correcto… o para apartarlos del poder si insisten en desviarlo.

En todo caso, lo ocurrido en Honduras podría convertirse en el ejemplo que América Latina necesita: una chispa que encienda el patriotismo, la dignidad y la determinación para desmontar el socialismo que, una y otra vez, ha servido de máscara para proyectos autoritarios de corte comunista. Ojalá que esta llama democrática no se apague, y que inspire a los pueblos de la región a recuperar lo que les pertenece: libertad, instituciones y futuro.

Honduras marca el rumbo y expone el cansancio de los pueblos ante quienes usan el poder para dividir, manipular y robar.

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