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viernes, junio 5, 2026

GUATEMALA Y LAS MENTIRAS DE BERNARDO ARÉVALO A ESTADOS UNIDOS

Columna por Ariel Montoya

Miami, FL. Bernardo Arévalo, presidente de Guatemala, le ha mentido a Estados Unidos. Le ha mentido al presidente Donald Trump y al secretario de Estado, Marco Rubio. Lo ha hecho en reiteradas ocasiones y continúa haciéndolo, amparado en las trampas propias de un raquítico ascenso presidencial, tripulando como marioneta frágil de su partido “Semilla” y de un entorno ideológico asociado a la izquierda regional.

Arévalo juega con fuego y parece no advertir los cambios profundos en el tablero de la política estadounidense, que hoy arrecia con determinación su lucha contra el terrorismo, el narcotráfico y el crimen organizado en todo el hemisferio.

Las evidencias ya transitan por otras rutas. Siguen las pistas que abren varios frentes de sospecha y verificación de hechos. El más grave de ellos apunta al consentimiento estatal para el trasiego de drogas desde Sudamérica hacia Estados Unidos, en un istmo centroamericano que pasó de ser la “garganta pastoril de América”, como la llamó el poeta comunista Pablo Neruda, a convertirse en un rufián puerto del narcotráfico transnacional, según declaraciones de la fiscal Pam Bondi

Las pruebas de las mentiras sobre una supuesta cooperación total de Guatemala con la nación norteamericana se concentran en varios episodios. Uno de los más relevantes ocurrió durante el encuentro entre Arévalo y Marco Rubio en 2024, cuando este último se estrenaba como secretario de Estado en su primera gira por el istmo. En aquella reunión, ambos funcionarios conversaron extensamente e incluso se abrazaron de forma emotiva.

Rubio le otorgó entonces un voto de confianza y prometió apoyo no solo para la repatriación ordenada de migrantes indocumentados, sino también recordaron que ambas naciones comparten 176 años de relaciones diplomáticas que trazan un “horizonte común”.

Se suponía que juntos enfrentarían temas como la seguridad fronteriza, el combate al crimen transnacional y el respaldo a proyectos de infraestructura y desarrollo productivo que asegurasen un impacto positivo y tangible para Guatemala.

Sin embargo, la realidad es otra. Durante esa gira, Rubio le solicitó expresamente a Arévalo que se alejara de China, luego de conocerse que el Ejecutivo guatemalteco habría ofrecido, sin consultar al Congreso, facilidades en ambas costas —Pacífico y Atlántico— para el eventual desarrollo de infraestructura estratégica asiática. Los chinos siguen en Guatemala

Dos meses después, Estados Unidos envió un destacamento de ingenieros del Ejército para ampliar y modernizar Puerto Quetzal con tecnología estadounidense, buscando mejorar su capacidad y seguridad, excluyendo la participación china. Todo ello mientras Guatemala mantiene relaciones diplomáticas con Taiwán.

Aunque esta avanzada china pareció neutralizarse parcialmente, los puertos continúan en condiciones precarias y son señalados como resquicios vulnerables para el tráfico de drogas y abandono, dejando del Ejecutivo una imagen persistente de inoperancia e ineficiencia.

El 7 de diciembre pasado, República Dominicana anunció el decomiso de casi diez toneladas de cocaína, señalando a Guatemala como punto de origen del buque que transportaba el cargamento desde Puerto Barrios, Izabal.

Según informaciones públicas, Arévalo habría acusado falsamente a República Dominicana, alegando que la droga fue “contaminada” en el país caribeño.

Otros hechos refuerzan la percepción de fallas graves en las políticas públicas. Según el periodista Gustavo Soberanis, fundador de «Quinto Poder», la afluencia de carteles del narcotráfico que ingresan con frecuencia a territorio guatemalteco continúa sin que las autoridades actúen con firmeza.

“El 8 de diciembre de 2025, el cartel de Sinaloa ingresó a Guatemala para ejecutar a varios líderes del cartel Chiapas-Guatemala y dejó un mensaje directo a Bernardo, advirtiéndole que dejara de proteger al Cartel de Jalisco «Nueva Generación» o ‘calentarían’ el país. Arévalo le mintió a la administración Trump al negar que él y sus ministros tuvieran relación alguna con esos hechos”, informó Soberanis.

Según ese mismo medio, en 2024 el mandatario socialdemócrata recibió la visita inesperada del entonces jefe de la Administración para el Control de Drogas (DEA), Terry Cole, en un momento crítico marcado por la disputa territorial de dos carteles en la frontera con México. Todo ello contradice frontalmente su discurso de lucha contra la corrupción, al que se suman otros episodios como la fuga de 43 pandilleros terroristas de cárceles de máxima seguridad, hecho que desembocó en la destitución de su ministro de Gobernación, Francisco Jiménez.

Otro componente del escenario guatemalteco ha sido la influencia prolongada de sectores vinculados a la administración demócrata estadounidense, con un sesgo favorable a grupos de izquierda “progresista” que copan espacios de poder en instituciones del Estado, la sociedad civil y parte de la prensa, como lo evidenció el respaldo del exembajador Todd Robinson.

Hasta hace pocos meses, el gobierno de Arévalo gozaba de simpatías en Washington. Hoy, sin embargo, una cadena de errores estratégicos, la incapacidad gerencial para ejecutar políticas públicas efectivas, las investigaciones sobre trasiego de drogas en espacio aéreo nacional y el constante choque mediático con la fiscal general, Consuelo Porras, lo mantienen en una suerte de capilla ardiente política permanente.

Si a ello se suma la parálisis presupuestaria impulsada por la Corte de Constitucionalidad, el panorama luce sombrío de cara al nuevo año. En medio de este embrollo, una nota positiva ha sido la elección del jurista Donald González Cuevas como miembro de la comisión que designará nuevos magistrados del Tribunal Supremo Electoral, hecho que algunos sectores consideran una luz de esperanza institucional.

En apenas menos de 24 horas el Gobierno Trump congeló la entrega de visas a países latinoamericananos, por sus vínculos al narcotráfico y el terrorismo, entre estos Guatemala, «y todo por culpa de Bernardo», dijo Geovanny Fratti un bravo luchador libertario.

Bernardo Arévalo vendió otra narrativa a Estados Unidos, a Trump y a Rubio. La pregunta es inevitable: ¿es consciente del fuego que está atizando?

El autor es escritor y periodista nicaragüense, exiliado en Estados Unidos y columnista internacional.
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