24 C
New York
viernes, junio 5, 2026

DON ARMANDO DE LA TORRE: DE LA SOBREVIVENCIA DEL COMUNISMO AL LEGADO DEMOCRÁTICO

 

Por Ariel Montoya.

Resulta difícil —y a la vez absolutamente necesario— analizar el contexto social y político de la libertad y la democracia en Hispanoamérica sin conocer la prolífica obra académica e intelectual y la apasionada vida política de Armando de la Torre (Don Armando, 1926-2026).  Su legado magisterial y humano se forjó a lo largo de un siglo de existencia que transitó desde su nacimiento en Nueva York, su ascendencia cubana y su formación cosmopolita, hasta su residencia espiritual y final en Guatemala.

Ese legado incluye también su paso por Managua, Nicaragua, en 2006, días antes de las últimas elecciones de los gobiernos democráticos de transición, cuando la división inducida del liberalismo y la perenne insurgencia política de Daniel Ortega permitieron el retorno fraudulento del sandinismo al poder, con consecuencias que perduran hasta nuestros días.

Desde finales del siglo XX, el pensamiento libre y crítico regional contó con una voz firme, erudita y profundamente comprometida con la defensa de la libertad frente a las amenazas absolutistas del marxismo y sus múltiples mutaciones. Don Armando no fue un espectador distante de la historia: fue testigo y sobreviviente del proyecto comunista gestado desde la extinta Unión Soviética y replicado en la región a través de la Cuba castrista.

Tuve el privilegio de conocerlo en 1986, en la ciudad de Guatemala, cuando desde su cátedra en la Universidad Francisco Marroquín formaba a una generación de estudiantes de Ciencias Políticas, de la cual fui alumno en algunos cursos. Sus clases eran una combinación singular de rigor académico, coherencia ética y valentía moral.

Con nostalgia de aquel tiempo y con gratos recuerdos, he evocado los años de mi juventud en Guatemala como estudiante -él me ofreció una media beca-. Compartí aulas con compañeros que más tarde ocuparían cargos en la empresa privada, en gobiernos y en la política activa.

Entre ellos recuerdo a Carlos Rigalt (mi querido “Chali”, que ya en paz descansa), Marcial Méndez Montenegro, Pepe Juárez, Juan Daniel Alemán, Lucía Herrera Cofiño, María Elena Hernández (La Tuffi) y su hermana María Olga, Flor de Lourdes Romero, Carlos Chocano, Josefina Vannini, Ingrid Scklafke, Jorge Mazariegos, Lorena Daza (de Chile), Emilio Pacheco, Regina Sandoval y Zuri Ríos —ellas dos hijas de prominentes politicos anticomunistas—, así como a mi amiga nicaragüense-guatemalteca Annelise Nissen Carazo, quien me ha ayudado a recordar algunos de estos nombres. También el exalcalde y expresidente Álvaro Arzú perteneció a esa generación estudiantil, junto a muchos otros que marcaron época.

De ese exilio vienen a mi mente  también mis días iniciales en el periodismo. Fue grato compartir con Don Armando mis adolescentes críticas de cine en el suplemento “Domingo” del diario Prensa Libre y él sobre política, que por entonces dirigía mi amigo, el periodista Mario Castro.

Sobre los soportes eternos de la memoria y la evocación positiva, hace pocos días me decía Virginia de la Torre, su hija —a quien envié mis condolencias haciéndolas extensivas a su mamá, doña Martha, y a su hermano Ignacio—, que su padre no vivió el atraco al poder por parte de Fidel Castro, pues salió de Cuba para siempre en 1956 rumbo a Europa.

Sin embargo, a su familia le quitaron todas sus propiedades. Mencionó a modo de anécdota, que a su abuelita hasta la sortija que llevaba puesta quisieron quitársela, a lo que ella respondió que, en todo caso, “le arrancaran el dedo”. Episodio revelador del patrón histórico de los regímenes comunistas: desde la epoca de los zares hasta las revoluciones latinoamericanas, la confiscación y el despojo han sido parte del mismo libreto.

Como muchos cubanos golpeados por la tragedia del comunismo tras 1959, su vida osciló entre el exilio y la reflexión crítica. Conoció en carne propia los efectos devastadores del estatismo: la destrucción de economías, libertades políticas, dignidad humana y espiritualidad de los pueblos.

Esa comprensión lo llevó a solidarizarse no solo con el exilio cubano y venezolano, sino también con numerosos nicaragüenses que huyeron hacia Guatemala durante el primer período del sandinismo (1979-1990).

Su sólida formación le permitió conocer a fondo las grandes corrientes del pensamiento occidental, sin dogmatismos ni complejos. Dominaba tanto a los clásicos de la libertad como a los ideólogos del colectivismo, lo que le permitía desmontar las falacias del comunismo con argumentos, no con insultos.

En 2006, gracias al apoyo solidario del novelista Mario Vargas Llosa —quien meses antes había sido condecorado en Nicaragua por el presidente Enrique Bolaños— se organizó un foro libertario para respaldar al liberalismo días antes de las elecciones. Participaron figuras como Manuel Ayau (fundador de dicha Universidad), el gran periodista Carlos Alberto Montaner, directivos de la Fundación Friedrich Naumann y de la entonces sólida Red Liberal de América Latina (RELIAL), y el propio de la Torre.

Sobreviviente del comunismo, testigo del siglo y sembrador de pensamiento libre, su legado no pertenece al pasado sino al porvenir;

mientras existan en América nuevas generaciones dispuestas  a defender la libertad frente al poder desmedido, allí estará también su voz. firme de Don Armando de la Torre.

 Descanse en paz Don Armando, querido profesor. Su  legado es y seguirá siendo bandera democrática puesta en  alto.

El autor es escritor y periodista nicaragüense exiliado en Estados Unidos. Columnista internacional.

Lea también: https://diestralarevista.com/guatemala-y-las-mentiras-de-bernardo-arevalo-a-estados-unidos/

PUBLICIDAD

Casos de la vida real de México y Guatemala llevado a la pantalla del streaming

Artículos Relacionados

[rev_slider alias="rojos-cremas"]

Síguenos

203SeguidoresSeguir
42SuscriptoresSuscribirte

Últimos Artículos