México, Brasil, Colombia, Nicaragua, Venezuela, Cuba y Guatemala figuran entre los países latinoamericanos que no fueron convocados al encuentro organizado en Washington por el secretario de Estado, Marco Rubio.
Por Diestra La Revista
Washington, DC.- Para coordinar acciones internacionales contra lo que la administración de Donald Trump considera una creciente amenaza del extremismo político de izquierda. La selección de los invitados vuelve a mostrar que Estados Unidos está construyendo sus nuevas alianzas a partir de afinidades políticas e ideológicas, dejando fuera a gobiernos que no considera plenamente alineados con su agenda hemisférica.
La exclusión adquiere mayor relevancia porque es la segunda ocasión durante 2026 en que varios de estos países quedan fuera de una convocatoria estratégica promovida por Washington. En marzo, México, Brasil, Colombia, Nicaragua, Venezuela y Guatemala tampoco participaron en la cumbre Escudo de las Américas, realizada en Miami para establecer mecanismos conjuntos contra el narcotráfico, la migración irregular, las organizaciones criminales y la influencia de potencias extranjeras en el continente. En aquella reunión, Estados Unidos priorizó la presencia de mandatarios conservadores y gobiernos considerados aliados cercanos del presidente Trump.
Ahora, México, Brasil, Colombia y Nicaragua vuelven a aparecer fuera del encuentro convocado por Rubio, al que asistieron representantes de 66 países. La ausencia repetida de estas naciones confirma que no se trata únicamente de decisiones protocolarias o problemas de agenda, sino de una señal política sobre quiénes integran actualmente el círculo de confianza de Washington. Guatemala, Cuba y Venezuela también permanecen alejados de buena parte de la nueva arquitectura política y de seguridad que impulsa Estados Unidos, aunque la información divulgada sobre la convocatoria más reciente no permite afirmar que todos hayan sido formalmente excluidos bajo exactamente los mismos criterios.
El mensaje es particularmente fuerte porque México, Brasil y Colombia representan tres de las principales economías, poblaciones y fuerzas diplomáticas de América Latina. Intentar construir acuerdos regionales sin estos países reduce la representatividad de las iniciativas estadounidenses y revela que el objetivo no parece ser reunir a todo el continente, sino consolidar un bloque de gobiernos políticamente compatibles con la Casa Blanca.
Para Guatemala, la ausencia en el Escudo de las Américas constituyó una advertencia diplomática. El país ha mantenido durante décadas una relación cercana con Estados Unidos en materia de seguridad, migración, lucha contra el narcotráfico y cooperación económica. Sin embargo, no haber sido incluido en uno de los principales acuerdos regionales promovidos este año evidencia que el gobierno guatemalteco no ocupa actualmente una posición prioritaria dentro de las alianzas políticas que Washington está fortaleciendo.
La repetición de estas exclusiones permite concluir que Estados Unidos está trazando una nueva frontera diplomática en América Latina: de un lado, los gobiernos considerados aliados, confiables y compatibles con sus prioridades; del otro, aquellos países que, por diferencias políticas, ideológicas o estratégicas, quedan marginados de los acuerdos más importantes. La ausencia reiterada ya no puede observarse como una simple casualidad. Es una definición política sobre quiénes son considerados amigos de Washington y quiénes permanecen fuera de su nuevo círculo de poder hemisférico.
EN CONCLUSIÓN: No asistir, o no ser convocado, a encuentros de este nivel trasciende el aspecto protocolario. En la práctica significa quedar fuera de la mesa donde se discuten las prioridades de seguridad, comercio, migración, inversión, inteligencia y cooperación que marcarán el rumbo del continente durante los próximos años. También implica una menor capacidad de influir en las decisiones, construir alianzas estratégicas y acceder con mayor facilidad a mecanismos de financiamiento y cooperación internacional. En diplomacia, las invitaciones son también mensajes políticos, y la reiterada ausencia de varios países latinoamericanos en las principales iniciativas promovidas por Washington refleja la configuración de un nuevo mapa de alianzas hemisféricas, en el que Estados Unidos distingue con claridad entre sus socios estratégicos y aquellos gobiernos que hoy permanecen fuera de su círculo de confianza.
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