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miércoles, julio 15, 2026

La Pérdida de la Decencia

Cuando el poder decide quien debe estar en la mesa, de la Serie:

«Las Fábulas del Poder».

 

Por Diestra La Revista

Había una vez un reino donde la ley era representada por cinco grandes sabios. Ellos habían sido llamados para custodiar la justicia, no para servir al rey ni para obedecer a quienes ocupaban temporalmente el poder. Su misión era velar por el equilibrio del reino, aun cuando sus decisiones incomodaran a los más poderosos.

Con el paso del tiempo, algo comenzó a cambiar. El presidente del reino dejó de ver a aquellos sabios como guardianes de la justicia y empezó a clasificarlos según una sola medida: si eran o no de su agrado. Los que coincidían con sus intereses eran invitados a reuniones, consultados antes de cada decisión y tratados como aliados. Los demás, aunque tenían la misma autoridad y habían recibido el mismo mandato del pueblo, comenzaron a ser ignorados.

No fueron destituidos. No perdieron sus cargos. Simplemente dejaron de ser tomados en cuenta.

Poco a poco, las puertas que antes permanecían abiertas empezaron a cerrarse para ellos. Las conversaciones importantes ocurrían sin su presencia. Las fotografías oficiales ya no los mostraban. Las decisiones nacían en pequeños círculos donde la lealtad valía más que la responsabilidad institucional.

Entonces el Conejo Cronista abrió el Gran Libro del Poder y escribió:

«El poder rara vez destruye primero las instituciones. Antes destruye el respeto entre quienes las integran.»

Aquella exclusión parecía un gesto menor para algunos habitantes del reino. Pero no lo era. Cuando quienes dirigen una institución deciden que unos integrantes merecen participar y otros no, dejan de fortalecer a la institución y comienzan a fortalecer únicamente su propio poder.

La decencia institucional no consiste en pensar igual. Consiste en reconocer la legitimidad de quien piensa diferente. Cuando la amistad reemplaza al mérito y la simpatía sustituye al respeto por las reglas, el daño ya no es personal: se convierte en un deterioro silencioso de la confianza pública.

En aquel reino nadie prohibió hablar a los tres sabios marginados. Nadie les arrebató su investidura. Sin embargo, cada reunión de la que eran excluidos enviaba un mensaje más profundo que cualquier discurso: que el valor de una persona ya no dependía de su cargo ni de su capacidad, sino de la cercanía con quien ocupaba el trono.

Y cuando eso ocurre, la institución deja de pertenecer a todos para convertirse en patrimonio de unos pocos.

El Conejo Cronista cerró lentamente el Gran Libro del Poder y miró hacia el bosque.

—Porque la verdadera decencia no se demuestra cuando se comparte la misma opinión. Se demuestra cuando se respeta el lugar de quien piensa distinto.

Y así comprendió que los reinos no empiezan a perderse cuando cambian las leyes, sino cuando quienes deben protegerlas olvidan que el respeto también es una forma de justicia.

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https://diestralarevista.com/investigacion-supuesto-profugo-dirige-el-ministerio-de-gobernacion-de-guatemala/

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