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miércoles, octubre 14, 2026

El habitante: una película mexicana, un papa ficticio y una coincidencia que vuelve a llamar la atención

Una producción de terror estrenada hace nueve años comienza con una noticia sobre la muerte de un pontífice. La operación del papa León XIV este 13 de octubre invita a recordar aquella escena, aunque entre el argumento cinematográfico y la realidad no existe ninguna relación demostrada.

Por Diestra La Revista

Ciudad de México.-    A veces, el cine construye historias que, años después, adquieren una inesperada actualidad. No porque anticipen acontecimientos ni porque escondan mensajes sobre el futuro, sino porque la realidad termina evocando escenas que permanecían olvidadas en la memoria de los espectadores. Es lo que ocurre con El habitante, una película mexicana de terror estrenada en 2017, cuya historia comienza con una noticia estremecedora: la muerte del papa León XIV, un personaje completamente ficticio en el momento en que se realizó la producción.

Nueve años después, el 13 de octubre de 2026, el mundo siguió con atención las noticias procedentes de Roma. El papa León XIV, elegido en mayo de 2025, ingresó al Policlínico Universitario Agostino Gemelli para someterse a una intervención quirúrgica destinada a tratar una lesión pulmonar. La operación concluyó satisfactoriamente, según informó la Santa Sede. Posteriormente, los médicos confirmaron que se trataba de un adenocarcinoma pulmonar. El pontífice regresó a su habitación y permanece bajo seguimiento médico.

La coincidencia que despierta curiosidad no es una supuesta predicción sobre su salud, sino algo mucho más sencillo y verificable: una película realizada antes de la elección del actual pontífice utilizó el nombre de León XIV para un papa imaginario, y hoy ese nombre corresponde al jefe de la Iglesia católica.

Una película de terror que comienza en el Vaticano

Dirigida por el cineasta uruguayo Guillermo Amoedo, El habitante tuvo su presentación en el Festival Internacional de Cine Fantástico de Cataluña, en Sitges, en octubre de 2017, antes de llegar a las salas mexicanas en junio de 2018.

La historia sigue a tres hermanas que ingresan a la residencia de un senador mexicano para robar dinero procedente de sobornos. Lo que parecía un asalto termina convirtiéndose en una experiencia sobrenatural cuando descubren a una joven retenida en el sótano de la propiedad. La decisión de liberarla desencadena una sucesión de acontecimientos relacionados con posesiones demoníacas, secretos familiares y la intervención de un representante del Vaticano.

Sin embargo, el argumento contiene otro elemento particularmente llamativo: la película abre con la noticia televisiva de la muerte del papa León XIV y, hacia su desenlace, vuelve a situar al papado en el centro de la historia.

La referencia adquiere hoy una dimensión curiosa porque, cuando la película fue escrita y estrenada, León XIV no existía como pontífice. El papa era Francisco, y nadie podía conocer con certeza qué nombre escogería uno de sus futuros sucesores.

¿Profecía o coincidencia?

La tentación de interpretar una escena cinematográfica como un anuncio del futuro forma parte de una tradición tan antigua como el propio cine fantástico. Las coincidencias entre la ficción y los acontecimientos reales suelen generar nuevas lecturas, especialmente cuando involucran figuras religiosas, símbolos del poder o acontecimientos que despiertan emociones colectivas.

Pero una coincidencia no constituye una profecía.

El hecho de que una película utilizara el nombre de León XIV años antes de que Robert Francis Prevost lo adoptara no demuestra conocimiento anticipado ni permite establecer relación alguna entre su argumento y la intervención médica de este martes.

El propio director, Guillermo Amoedo, explicó en una entrevista publicada en 2017 que el desenlace de la película se inspiraba más en las llamadas profecías de san Malaquías que en acontecimientos de actualidad. Se trata de un referente cultural frecuentemente utilizado en relatos sobre el papado, aunque esas supuestas profecías no constituyen una fuente histórica fiable para anticipar sucesiones pontificias.

La coincidencia, por tanto, pertenece al terreno de la curiosidad cinematográfica, no al de las advertencias sobrenaturales.

La realidad tiene un desenlace distinto

Mientras la película utiliza la muerte de un pontífice como punto de partida para una historia de terror, la información conocida sobre León XIV corresponde a un proceso médico real, atendido por especialistas y comunicado públicamente por el Vaticano.

La operación realizada este martes concluyó sin complicaciones, según el parte médico. Aunque el diagnóstico requiere seguimiento, no existe fundamento para vincular su evolución con el argumento de una producción cinematográfica.

La historia de El habitante puede despertar preguntas sobre la creatividad de sus autores, la elección de nombres y las coincidencias que aparecen con el paso del tiempo. También recuerda que la ficción tiene la capacidad de sorprender incluso muchos años después de su estreno.

Quizá ese sea el verdadero misterio: no que el cine conozca el futuro, sino que, entre miles de historias imaginadas, algunas terminan encontrando un inesperado parecido con el presente.

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El boletín televisivo que hoy adquiere un significado inesperado

La escena dura apenas unos segundos, pero contiene elementos que hoy resultan particularmente llamativos. En la película mexicana El habitante, estrenada en 2017, un TELE-noticiero anuncia el fallecimiento de un papa llamado León XIV ante la multitud reunida en la Plaza de San Pedro. La información ficticia atribuye su muerte a una septicemia y un colapso cardiopulmonar irreversible, después de una hospitalización, y anticipa la convocatoria de un nuevo cónclave. Lo sorprendente no es que una película de terror imagine la muerte de un pontífice, sino que utilice el mismo nombre que adoptaría, ocho años después, el papa elegido en mayo de 2025.

La coincidencia adquiere actualidad este 13 de octubre de 2026, cuando la atención internacional se concentra en la intervención quirúrgica del papa León XIV. Sin embargo, es fundamental establecer una diferencia: el fallecimiento, las causas médicas y el cónclave pertenecen exclusivamente a la ficción cinematográfica. La situación del pontífice debe describirse únicamente a partir de los comunicados médicos oficiales. La película no anticipa su evolución ni existe evidencia de una relación entre ambos acontecimientos. Lo que permanece es una curiosidad difícil de pasar por alto: una historia escrita años antes de su elección colocó el nombre de León XIV en el centro de una noticia ficticia procedente del Vaticano.

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Y en esta ocasión, afortunadamente, la noticia real no reproduce el desenlace que una película de terror imaginó hace nueve años.

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