Mientras gobiernos y partidos políticos concentran millones de dólares en redes sociales, millones de latinoamericanos siguen informándose por televisión abierta y radio. La tecnología cambió. La forma de vivir de las personas, mucho menos.
Por Centro de Inteligencia Editorial | Diestra La Revista
New York.- Durante más de dos décadas se ha repetido una idea que muchos consideran una verdad absoluta: la televisión abierta y la radio desaparecerán. Primero fue internet. Después las redes sociales. Más tarde las plataformas de streaming. Hoy la inteligencia artificial vuelve a alimentar la misma predicción.
Cada nueva innovación parece anunciar el final de los medios tradicionales.
Sin embargo, la realidad cotidiana de América Latina parece contar una historia diferente.
Millones de personas siguen encendiendo el televisor antes de salir a trabajar. Miles de conductores comienzan su jornada escuchando la radio. Los restaurantes transmiten acontecimientos deportivos en pantallas gigantes. Los hoteles mantienen televisores en cada habitación. Las salas de espera de hospitales, aeropuertos y oficinas públicas continúan utilizando la televisión como medio de información y entretenimiento.
Quizá el error no ha sido tecnológico.
Quizá el error ha consistido en formular la pregunta equivocada.
No deberíamos preguntarnos si la televisión abierta desaparecerá.
La verdadera pregunta es otra.
¿Estamos observando correctamente cómo vive y cómo se informa América Latina?
La historia demuestra que la innovación no siempre sustituye; muchas veces transforma
Existe una idea muy extendida según la cual toda nueva tecnología elimina automáticamente a la anterior.
La historia económica demuestra exactamente lo contrario.
Las tecnologías exitosas suelen transformar los modelos existentes antes que destruirlos.
Basta observar la industria automotriz.
La llegada del automóvil eléctrico no provocó la desaparición inmediata de los vehículos impulsados por gasolina o diésel. Ambos continúan circulando y responden a necesidades distintas.
Pero el cambio más interesante no está únicamente en el motor.
También se encuentra en el modelo financiero que acompaña su utilización.
Cuando aumenta el precio internacional del petróleo, el propietario de un vehículo de combustión enfrenta un problema inmediato de liquidez. Si el tanque se vacía, debe pagar combustible en ese mismo momento para poder continuar trabajando, llevar a sus hijos a la escuela, asistir a una consulta médica o cumplir cualquier otra actividad cotidiana.
Quien utiliza un vehículo eléctrico y realiza la mayor parte de sus recargas en su vivienda enfrenta una lógica distinta. Consume la energía hoy, pero normalmente la paga semanas después, cuando recibe la factura mensual del servicio eléctrico.
El costo existe en ambos casos.
La diferencia radica en el calendario de pago.
La innovación no eliminó el automóvil.
Transformó la forma en que muchas personas administran el gasto asociado a su movilidad.
Con los medios de comunicación ocurre un fenómeno semejante.
La televisión no desapareció. Cambió la forma de verla.
Durante buena parte de los años noventa, el mercado mundial de televisores estaba dominado por un reducido grupo de fabricantes.
Sony, Panasonic, Philips.
Hoy el panorama es completamente distinto.
Samsung, LG, TCL, Hisense, Xiaomi, Skyworth, Sharp y numerosas compañías compiten por vender millones de televisores inteligentes cada año.
La pregunta resulta inevitable.
Si la televisión estuviera muriendo, ¿por qué la industria continúa invirtiendo miles de millones de dólares para fabricar más televisores, con mejores pantallas, procesadores más rápidos y nuevas tecnologías?
La respuesta parece evidente, lo que desapareció no fue la televisión. Desapareció una forma de verla. Hoy un mismo televisor puede recibir señal abierta, televisión por cable, plataformas de streaming, aplicaciones móviles y contenidos distribuidos por internet.
El aparato evolucionó. La televisión también.
La radio siguió exactamente el mismo camino
Hace algunos años muchos anunciaban el final de la radio, sin embargo, hoy continúa acompañando diariamente a millones de personas. Ya no vive únicamente en un receptor tradicional. Está presente en los teléfonos móviles, los automóviles conectados, las aplicaciones, los asistentes virtuales y las plataformas digitales.
El soporte cambió.
La función social permanece.
Quienes anunciaban su desaparición quizá confundieron el dispositivo con el medio.
América Latina no consume información como Silicon Valley
Gran parte del debate tecnológico parte de una realidad económica muy distinta a la latinoamericana.
En nuestra región millones de familias todavía enfrentan dificultades para contratar internet de alta velocidad, mantener varias suscripciones de streaming o pagar planes de datos suficientes para consumir video durante todo el mes.
Para una parte importante de la población, la televisión abierta continúa siendo gratuita.
La radio también.
Y ese detalle económico modifica completamente el análisis.
La tecnología puede existir.
Pero el acceso depende del ingreso disponible de cada hogar.
Mientras esa realidad permanezca, los medios gratuitos seguirán desempeñando un papel fundamental dentro de la comunicación cotidiana.
Los grandes acontecimientos siguen buscando audiencias masivas
Existe otra señal que pocas veces se analiza.
Cuando se producen acontecimientos capaces de movilizar a millones de personas, elecciones, emergencias nacionales o competencias deportivas internacionales, como recientemente el mundial de Fútbol, sigue existiendo un enorme interés por alcanzar la mayor audiencia posible.
Durante la Copa Mundial de la FIFA, millones de personas observaron los partidos desde sus hogares, restaurantes, hoteles, oficinas, plazas y comercios.
La televisión continúa ofreciendo una característica difícil de sustituir.
Convierte un acontecimiento en una experiencia colectiva.
No se trata únicamente de ver un partido.
Se trata de compartirlo.
Y precisamente por ello, en muchos países continúan existiendo políticas y debates regulatorios orientados a facilitar que determinados eventos de alto interés público puedan llegar al mayor número posible de ciudadanos y no únicamente a quienes pueden pagar servicios especializados.
La verdadera transformación ocurrió en otro lugar: en la prensa impresa
Si existe un medio que experimentó un cambio en su estructural durante las últimas dos décadas, ese ha sido la prensa impresa.
Durante buena parte del siglo XX, el periódico organizaba la conversación pública.
Hoy la información llega en segundos a través del teléfono móvil.
Las redes sociales, las aplicaciones de mensajería y los portales digitales modificaron completamente los tiempos de distribución.
A ello se suma una realidad económica.
Los costos del papel, la impresión y la distribución aumentaron significativamente.
Muchos periódicos decidieron reducir sus tirajes.
Otros dejaron de imprimir completamente.
Muchos trasladaron la mayor parte de su operación al entorno digital.
No desapareció el periodismo.
Desapareció la necesidad de esperar hasta el día siguiente para conocer una noticia.
Internet derrotó al papel.
No derrotó al periodismo.
Porque la velocidad nunca sustituyó otra función esencial del periodismo.
Explicar.
Verificar.
Contextualizar.
Ayudar a comprender.
El error que muchos gobiernos todavía no han entendido
Este debate adquiere una importancia especial para quienes diseñan estrategias de comunicación pública.
Durante los últimos años, numerosos gobiernos han concentrado buena parte de sus recursos en redes sociales e influenciadores digitales.
Las plataformas son indispensables.
Pero eso no significa que representen, por sí solas, la totalidad del país.
En ocasiones se contrata a un creador de contenido porque acumula millones de seguidores.
La pregunta que pocas veces se formula es muy simple.
¿Dónde viven esos seguidores?
Un influenciador puede reunir veinte millones de seguidores distribuidos en varios continentes.
Eso no significa que posea influencia real sobre los ciudadanos del país donde se desarrolla una campaña pública.
Los seguidores no siempre representan ciudadanos.
La influencia digital no siempre coincide con la influencia social.
Diseñar una estrategia de comunicación exige comprender primero cómo consume información la población a la que realmente se desea llegar.
El verdadero desafío
Quizá el debate nunca debió plantearse como una competencia entre televisión e internet.
Ambos conviven.
La mayoría de las personas utiliza televisión, radio, WhatsApp, redes sociales, portales digitales y plataformas de video en un mismo día.
Los medios dejaron de competir entre sí.
Hoy forman parte de un mismo ecosistema.
La verdadera tarea consiste en comprender cuándo, cómo y para qué utiliza cada uno de ellos la ciudadanía.
Porque comunicar no consiste únicamente en producir contenido.
Consiste en llegar donde realmente están las personas.
Y, sobre todo, en lograr que comprendan.
Esta investigación apenas comienza
El Centro de Inteligencia Editorial de Diestra La Revista presentará
¿Gobernar o seguir en campaña?
La transformación de la comunicación gubernamental en América Latina (2000–2026)
La investigación responderá preguntas que rara vez se plantean:
- ¿Existe una diferencia entre comunicar para ganar una elección y comunicar para gobernar?
- ¿Por qué muchos gobiernos confunden popularidad con comprensión ciudadana?
- ¿Representan realmente las redes sociales la forma en que se informa toda la población?
- ¿Por qué la televisión abierta y la radio conservan un papel estratégico en América Latina?
- ¿Qué ocurrió con la prensa impresa y por qué su transformación fue distinta?
- ¿Cómo deben medirse hoy la confianza pública y la eficacia de la comunicación gubernamental?
El propósito no será defender un medio sobre otro.
Será comprender cómo se comunica realmente una sociedad.
Porque quizá el mayor error de nuestra época no sea confiar demasiado en la tecnología.
Quizá sea olvidar que los dispositivos evolucionan mucho más rápido que las personas.
Y ningún gobierno puede comunicar con eficacia si diseña su estrategia pensando únicamente en el país digital, mientras millones de ciudadanos continúan viviendo, informándose y tomando decisiones en el país real.
Lea también: ¿Y si la política ha estado observando a la sociedad desde el lugar equivocado? La Teoría de la Confianza Familiar. https://diestralarevista.com/y-si-la-politica-ha-estado-observando-a-la-sociedad-desde-el-lugar-equivocado-la-teoria-de-la-confianza-familiar/



