La operación naval, anunciada por el presidente Nayib Bukele, supera el récord nacional establecido en febrero y eleva a más de 13 toneladas la droga decomisada durante 2026.
Por Diestra La Revista
El Salvador.- El gobierno de Nayib Bukele anunció el decomiso de 6.68 toneladas de cocaína en una operación desarrollada por la Marina Nacional salvadoreña en aguas del océano Pacífico, una acción que ha sido calificada como el golpe más contundente al narcotráfico en la historia del país. La información fue dada a conocer por el mandatario a través de sus canales oficiales, donde destacó que el operativo forma parte de la estrategia de seguridad que busca combatir tanto a las estructuras criminales locales como a las redes transnacionales del narcotráfico.
Según la información oficial, el primer procedimiento se realizó el 18 de junio de 2026, cuando unidades navales interceptaron una embarcación tipo Low Profile Vessel (LPV) a 582 millas náuticas al suroeste de la Bocana El Cordoncillo, en el Estero de Jaltepeque. En la nave viajaban tres presuntos narcotraficantes, dos de nacionalidad colombiana y uno ecuatoriano, quienes transportaban aproximadamente 3.425 toneladas de cocaína. Seis horas después, en la misma zona de operaciones, una segunda embarcación con características similares fue localizada a 633 millas náuticas de la costa salvadoreña. En ella fueron detenidos otros tres sospechosos, también dos colombianos y un ecuatoriano, que trasladaban 3.255 toneladas adicionales de droga.

Las autoridades salvadoreñas informaron que el cargamento total decomisado asciende a 6.68 toneladas de cocaína, con un valor estimado de 167 millones de dólares en el mercado ilícito internacional. La cifra supera el récord anterior de 6.606 toneladas incautadas en una sola operación el pasado 13 de febrero de 2026, consolidando una de las mayores acciones antidrogas registradas en la región centroamericana durante los últimos años.
El resultado de esta operación refleja el fortalecimiento de las capacidades de vigilancia marítima y la coordinación de inteligencia impulsadas por el gobierno salvadoreño. Desde el inicio de la administración de Bukele, la estrategia de seguridad ha estado enfocada no solo en la reducción de la criminalidad interna y el combate a las pandillas, sino también en enfrentar las estructuras del crimen organizado transnacional que utilizan las rutas marítimas del Pacífico para movilizar cargamentos de droga hacia mercados internacionales.
De acuerdo con los datos oficiales divulgados por la Presidencia de El Salvador, las incautaciones acumuladas durante 2026 alcanzan ya las 13.286 toneladas de cocaína, valoradas en más de 332.15 millones de dólares. Las autoridades sostienen que estos resultados evidencian una presión constante sobre las organizaciones criminales internacionales, reduciendo los espacios de operación que durante años utilizaron con relativa impunidad en aguas de la región.

«Seguimos llevando la guerra contra el narcotráfico donde antes operaban con total impunidad», expresó el presidente Bukele al presentar los resultados del operativo, subrayando que la lucha contra el crimen organizado continúa siendo una de las prioridades de su administración. Analistas en materia de seguridad consideran que este tipo de acciones fortalecen la cooperación regional contra el narcotráfico y consolidan el papel de El Salvador como un actor cada vez más activo en el combate a las redes criminales que operan en el continente.
Más allá de la magnitud del decomiso, la operación vuelve a plantear una interrogante que cobra cada vez más relevancia en la región: si El Salvador ha logrado desarrollar capacidades operativas e inteligencia que le permiten golpear con eficacia a las redes internacionales del narcotráfico, ¿por qué los gobiernos vecinos no impulsan mecanismos más estrechos de cooperación con las autoridades salvadoreñas para enfrentar conjuntamente al crimen transnacional? Las organizaciones criminales no reconocen fronteras y operan a escala regional; por ello, una estrategia centroamericana coordinada, basada en el intercambio de información, operaciones conjuntas y fortalecimiento de capacidades, con el apoyo de Estados Unidos; podría convertirse en una herramienta determinante para reducir la influencia de estas estructuras. La experiencia salvadoreña, independientemente de las posiciones políticas que genere, abre el debate sobre la necesidad de que Centroamérica avance hacia una política de seguridad regional más efectiva frente a amenazas que afectan por igual a todas las naciones del istmo. Mostrando voluntad regional y dejando las excusas, el deber es construir mecanismos efectivos para detener la criminalidad.


