Ciudad de Guatemala, 18 abril Diestra).- A cuatro años de la muerte de su hermano José Estuardo -que se cumplen este miércoles- por la negativa del Ministerio Público (MP) de tramitar la anulación de la alerta internacional en contra de ellos, el empresario Francisco José Valdés Paiz asegura en una entrevista exclusiva con Diestra la Revista, que la Fiscalía Especial Contra la Impunidad (FECI) y la Comisión Internacional Contra la Impunidad en Guatemala (CICIG) que fue expulsada del país en 2019 por su injerencia en asuntos internos, secuestraron la verdad.
Ambos fueron señalados de ser los autores intelectuales del asesinato del abogado Rodrigo Rosenberg, perpetrado el 9 de mayo del 2009 y estuvieron en prisión desde ese año hasta el 2013 con base al testimonio de un supuesto testigo, que al final se retractó y reveló que fue obligado por el MP a inculparlos.

Foto. Rodrigo Rosenberg.
La CICIG, dirigida por el español Carlos Castresana, fue la que investigó el caso porque en un video dejado por la víctima salpicó de su crimen al presidente Álvaro Colom (quien falleció este año) y también a su entonces esposa Sandra Torres, ahora candidata a la primera magistratura del país.
Luis Mario Paz Mejía, el testigo y supuesto asesino fallecido en enero del 2014, fue quien señaló a los hermanos Valdés Paiz de ser los autores intelectuales del asesinato de Rosenberg, pero luego se retractó y explicó que fue un fiscal del Ministerio Público (MP) el que le entregó un escrito para que lo leyera y acusara a los empresarios.
Sin embargo, el 16 de julio del 2013 Paz afirmó que ni siquiera conocía a los hermanos e insistió en que fue el abogado colombiano Fernando Orozco de ser uno de los responsables de manipular su testimonio para inculpar a los hermanos Valdés Paiz
El caso en contra de los hermanos fue cerrado el 28 de agosto del 2017 por el titular del Juzgado Tercero Penal, Mynor Moto. La investigación que realizó la CICIG dirigida por el español Castresana llegó a la conclusión de que fue el mismo Rosenberg el que coordinó su propio asesinato. Fue el primer caso que esa instancia llevó ante la justicia en Guatemala.
El caso Rosenberg no solo motivó una miniserie realizada por Osovisión llamada Crímenes Verdaderos, el lado oscuro de la justicia, basada en el libro “Sin Tiempo para detener el Tiempo”, escrito por Francisco José, en el que se describen las injusticias de las cuales fueron víctimas con su hermano.
En este libro se hace una narrativa del tema Rosenberg y se mencionan una serie de personas que ellos esperan enfrenten cargos judiciales, y explica la relación que tuvieron con el abogado asesinado, de la situación en la cárcel, y del tema legal que finalizó con la muerte de José Estuardo al no permitirle salir del país para una operación.
Sin Tiempo para detener el Tiempo, que vio la luz en 2020, es un homenaje a José Estuardo, tiene su retrato en la portada, habla de su valentía y de su sinceridad, además de su personalidad.

Foto, Estuardo Valdés. ¿Cómo ha sido su vida después de estar detenido y acusado de un delito que no cometió?
FJ: Indudablemente uno de los grandes males sociales que la ideologización de la FECI y la CICIG trajo para nuestro país fue el secuestro de la verdad, ellos diseñaron una dinámica perversa consistente en crear un caso, comprar la voluntad de uno o varios acusados a fin de darle credibilidad con supuestos testimonios, para luego generar una bomba mediática mediante la presentación de la «investigación» en conferencias de prensa hollywoodenses, con lo que la verdad del caso había sido dada, si un juez determinaba que la realidad de los hechos era distinta, automáticamente era linchado mediáticamente por la CICIG y por quienes, desde las redes y los medios, trabajaban como altavoces de los grupos interesados en que esa dinámica injusta permaneciera. Saberse inocente y sin embargo ser señalado por buena parte de la sociedad como culpable es el principal trauma que se debe afrontar, y ellos lo sabían, lo que no estaba en sus planes es que a muchos guatemaltecos no nos bastaría con salir libres, sino que decidimos luchar para limpiar nuestro nombre y para que la verdad volviera a recuperar su imparcialidad. Y bueno, luchar por ambas cosas ha sido un eje central de mi vida a lo largo de este tiempo.
- ¿A qué se dedica?
FJ: Dada la experiencia que en el tema empresarial farmacéutico a lo largo de mi vida desarrollé, me he centrado en brindar asesorías relacionadas a este ámbito.
- ¿Cómo recuerda a su hermano cuatro años después de su muerte?
FJ: Más que recordarlo, diariamente lo siento, es normal que con las personas con las que poseemos lazos muy fuertes desarrollemos ese tipo de conexión. Pero en términos generales permanece en un rincón muy especial de mi alma como un hombre capaz de entregarlo todo en cada uno de los campos de la vida y hacia quienes, de una forma u otra, pertenecíamos a su entorno vital, siendo un hijo, un padre, un esposo y un hermano muy entregado, muy responsable, pero, por sobre todas las cosas muy humano.
- ¿Si cerraron el caso en su contra por qué no emprendieron una demanda para que limpiaran sus nombres?
FJ: Los procesos en Guatemala son habitualmente largos, complejos y avanzan de una manera muy lenta, pero, cuando la FECI y la CICIG se mezclaban en los mismos, éstos se hacían cien veces más complicados, lo cual hizo que, aunque salimos en 2013, nuestro caso no se cerrara sino hasta en 2020, posterior a ello a través del Lic. Francisco Capuano se hizo una demanda, no sólo por el caso que montaron en nuestra contra, sino porque gracias a la negativa de Francisco Sandoval a tramitar la anulación de la alerta internacional en nuestra contra, mi hermano murió el 19 de abril de 2019 al no permitírsele el ingreso a EEUU para recibir a tiempo un tratamiento adecuado. Murio de cáncer en el hígado.

- ¿Qué les dice a la FECI por haberlos inculpado con el testimonio de un hombre que luego dijo que ni los conocía?
FJ: Creo que a estas alturas es poco lo que puedo decirles, dada la mezquindad de sus actos, y no lo digo exclusivamente por nuestro caso, sino por todas aquellas otras personas cuyas vidas se vieron truncadas por la forma mediática, aunque errada, en que ellos, para cumplir con la cuota de detenciones y de casos que sus patrocinadores les exigían, incurrieron, y gracias a lo cual hoy viven un exilio dorado en una de las ciudades más caras del mundo, dándose la vida de ricos a la que siempre, sin merecer, aspiraron. Pero si creería que como hombres de leyes y como guatemaltecos deberían dar la cara ante la ley y demostrar, si pueden, que son inocentes de todos los cargos de los cuales en distintos casos se les implica. Pues, incluso para sus admiradores más acérrimos que, como hemos visto en las manifestaciones a su favor, son cada vez menos, no deja de ser sospechoso que ellos confiaran en la ley únicamente cuando, como verdugos, la aplicaban, sin embargo, al nada más registrarse cambios dentro de los esquemas de justicia y pedirles cuentas sobre lo actuado, de manera automática pasaron a victimizarse y se dieron a la fuga. Creo, por experiencia propia, que por adversas que sean las condiciones, uno debe afrontar la ley de frente, tal y como mi hermano y yo lo hicimos.
- ¿En su opinión ha tenido éxito el libro que escribió?
FJ: La palabra éxito, aunque en nuestra época se asocia frecuentemente con el tema económico, es muy amplia y va variando según el contexto y los objetivos trazados por quien se lo plantea. En el caso del libro Sin Tiempo Para Detener el Tiempo había varios renglones en los que para mis expectativas debía tener éxito, pero primero que nada era dejar una constancia de los hechos como nosotros los vivimos, pues, aunque aparecieron varios libros al respecto, nunca uno de los autores se acercó a nosotros y nos preguntó cuál era nuestra visión de lo acaecido, simplemente se limitaron a replicar la versión que Castresana había fabricado, primero porque ideológicamente eran compatibles y segundo porque en ese momento era lo que más vendía.
En nuestro caso, que el libro fuera exitoso en las ventas era algo secundario, aunque claro, entre más lectores tuviera más se conocería nuestra versión de los hechos, y ciertamente el nivel de ventas, incluso en librerías tradicionalmente frecuentadas por personas con un pensamiento afín a la CICIG, no fue nada malo, en especial si tomamos en cuenta el contexto de una sociedad en la que lamentablemente la lectura no es una prioridad y que buena parte de los medios escritos, en vez de generar un diálogo entre las dos versiones, simplemente optó por invisibilizar la aparición de nuestro libro y dar una promoción un tanto desmedida a los otros. Y bueno, de momento ya estamos en proceso de lanzar una segunda edición, lo cual implica que en ambos sentidos fue exitoso.
- ¿Qué mensaje quería dejar con este libro?
FJ: Más allá de los hechos que narra, el mensaje más profundo de este libro, es el poder hacer un homenaje muy sentido a la memoria de mi hermano y a todos los miembros de mi familia que fueron quienes, de manera injusta, aunque no carentes de valor, afrontaron lo sucedido, me interesaba visibilizar a aquellos a quienes de una manera anónima noche a noche se hincaba a rezar y a llorar por nosotros, mientras nuestra vida transcurría en la montaña o en la cárcel, muchas veces sin una noticia sin una palabra respecto a nuestra situación y que, sin importar lo doloroso de todos esos días, continuaron a nuestro lado dándonos la carga energética que necesitábamos para luchar. Pero es además un homenaje para esos miembros de nuestra familia que aún están por venir, aspiro a poder decirle un día, con la frente muy en alto, a mis nietos y a los nietos de Tayo esto fue lo sucedido y este gran hombre fue su abuelo y aunque él no está para opinar al respecto, estoy yo para que ustedes a través de estas sencillas páginas sepan qué fue lo que realmente sucedió.
- ¿Podría agregar algunas palabras respecto a su hermano
?
FJ: Aunque resulte irónico, la muerte es uno de los grandes misterios de la vida, para quienes nos quedamos en el más acá ese proceso de transición es sumamente doloroso, son ausencias que, ni aun publicando cien libros más, podremos compensar. Sin embargo, Sin Tiempo Para Detener el Tiempo me permitió un reencuentro con esa persona a la que de pronto en vida no logré dimensionar en todo su esplendor, me permitió entender que sin duda mi hermano fue un gran hombre, cuya compañía, aún en los momentos más duros de nuestras vidas, fue una dicha que de ahora en adelante sólo me queda atesorar en lo más profundo de mi interior y compartir con los demás a través de cada una de las páginas de este libro.
La serie: Caso Rosenber
Con una idea original de Frank Hardy y las actuaciones de los grandes actores Omar Germeno (Francisco Valdés), Rigo Saráchaga (Tayo Valdés) y Marco Uriel (fiscal), la trama extraída del libro Sin Tiempo para Detener el Tiempo muestra cómo la CICIG y el MP presionaron al supuesto autor material del asesinato de Rosenberg para que señalara a los hermanos del hecho.
Germeno es un gran actor y presentador mexicano que se dio a conocer en el programa Despierta América de Univisión y desde 1996 hizo un gran cantidad de telenovelas y obras de teatro.
Mientras Marco Uriel, que también es un actor mexicano que. debutó en Televisa en la década de los noventa en uno de los mayores éxitos: María Mercedes, que se convirtió en el mayor éxito actoral de la cantante Thalía. Ha participado en un sin número de telenovelas, series de televisión que le han valido varios premios.


Inicialmente el capturado Luis Mario Paz Mejía dijo que había sido el mismo abogado el que le había pagado para que lo matara, pero ante la presión de los representantes de la CICIG enviada a Guatemala por la ONU a petición del Gobierno, éste cambió su versión porque ante los señalamientos de Rosenberg de que el presidente y su esposa lo habían matado, tenían que capturar a «peces grandes».
Los hermanos cayeron en la «trampa» del mismo abogado, porque no sabían que decía el sobre que les entregó para la persona que lo iba a proteger. Resulta que era el «contrato de muerte» que los Valdés Paiz desconocían y cayeron en el lado oscuro de la justicia.

Tuvieron que huir pero luego se entregaron a la justicia que los mantuvo encerrados varios años sin ser culpables de un hecho que aunque fue planificado por el mismo Rosenberg, puso a temblar al Gobierno de Colom.


