28 C
New York
jueves, junio 4, 2026

Las Pelotitas de Bernardo

Somos lo que hacemos

Por Diestra La Revista

New York.-  Cada semana, en algún lugar del mundo, millones de personas apuestan a que cinco pelotitas cambien su destino. La mayoría pierde. Algunos se endeudan. Otros se hunden. Todos comparten una misma ilusión: creer que un “sexto sentido” —generalmente ajeno— les asegura que es el momento de jugarse todo.

Ese sexto sentido nunca paga la factura. No asume riesgos ni costos. Solo traduce deseos, ambiciones o cálculos ideológicos… y se los pasa a quien sí responde ante la historia.

Eso es exactamente lo que parece haber ocurrido con el presidente de Guatemala, Bernardo Arévalo, al autorizar el primer comunicado oficial de su Gobierno sobre la detención del dictador venezolano Nicolás Maduro. Horas después, un segundo comunicado, diametralmente opuesto al primero, dejó en evidencia no solo una contradicción política, sino una alarmante falta de rumbo en la política exterior del país.

En el escenario internacional, los bandazos no se interpretan como prudencia, sino como debilidad.

Los dos comunicados del Gobierno de Guatemala, por el caso de la detención del Dictador Nicolas Maduro.

El presidente Arévalo debe entender una verdad elemental: no le debe su cargo a ninguna facción ideológica ni a los sectores más radicalizados del partido que lo acompañó circunstancialmente. Su elección fue en distintas circuntancias, con actores muy distintos, que por cierto ya están defenestrados.

Gobernar atado a esas lealtades ficticias es una receta segura para el fracaso.

Rectificar en horas un posicionamiento frente a una dictadura no es diplomacia; es improvisación. Y la improvisación, en política internacional, se paga caro.

No existe argumento democrático, jurídico ni moral que justifique la permanencia de un gobernante convertido en dictador y señalado como cabeza de una de las organizaciones criminales más grandes que operan en América Latina. Una estructura que envenena a las juventudes, corroe las instituciones, erosiona las democracias y ha degradado la política regional a niveles de abierta complicidad.

Llegado este punto, las excusas sobran y las decisiones ejemplares se vuelven impostergables. El presidente debe marcar distancia —clara y pública— de los radicales socialistas obsesionados con cuotas de poder. No contribuyeron a su llegada al Gobierno, pero trabajan activamente para acelerar su desgaste y eventual caída.

Se requiere liderazgo, no complacencia. El canciller —un diplomático de carrera con experiencia— falló al avalar dos comunicados contradictorios. Peor aún: dejó al país mal parado ante la comunidad internacional, proyectando una imagen de confusión e inconsistencia estratégica.

Los asesores deben asesorar, no gobernar en las sombras. Muchos, especialmente los ideologizados, sueñan con dirigir sin exponerse, sin firmar, sin rendir cuentas. Este debe ser el punto de quiebre de la administración Arévalo: asumir el control real del Gobierno y cortar la influencia de quienes se creen estrategas de novela, Rasputines tropicales o Maquiavelos de sobremesa. Leer libros no convierte a nadie en estadista; y aconsejar no equivale a gobernar.

Culpar a la oposición es el camino fácil y el más peligroso. Los hechos recientes demuestran que el mayor riesgo para el presidente no está fuera, sino dentro de su círculo más cercano. Y recuerde que:

Somos lo que hacemos.

Lea también: https://diestralarevista.com/nicolas-maduro-preso-en-estados-unidos/

Artículos Relacionados

[rev_slider alias="rojos-cremas"]

Síguenos

203SeguidoresSeguir
42SuscriptoresSuscribirte

Últimos Artículos