«Los países de América Latina van a la deriva en su mayoría, mostrando la decadencia de una clase política que busca llegar al poder para enriquecerse e incumplir sus funciones.
Por: Diestra
Al hacer un recorrido por las principales noticias, se evidencian numerosas muestras de insatisfacción que comunidades de diversos países manifiestan ante el ambiente actual. Más delincuencia, costo de la vida más alto, oportunidades laborales en descenso, en conjunto insatisfacciones generalizadas.
Complejo es comparar democracia con dictaduras, pero no podemos esconder que las generaciones de los años setenta a los noventa, explican que aún con los abusos cometidos durante las dictaduras, las poblaciones vivieron con más seguridad, con países que invertían en desarrollo, educación y recreación.
Nos llaman a revisar la historia reciente, para dar certeza que hablan con hechos; explican que las mejores carreteras se construyeron durante las dictaduras en América Latina. Aprueban que la educación y los sistemas de salud fueron mejores que lo que se vive en la actualidad.
Pero la mayor afirmación es que se vivía más seguro, comparado con los tiempos actuales.
Generacionalmente es difícil entender ese pensamiento, porque las dictaduras militares en América Latina desaparecieron alrededor de hace 35 años, siendo la última la del General Augusto Pinochet, en Chile en 1990.
Y al retornar en el tiempo, efectivamente encontramos noticias que confirman ese ambiente de más seguridad y prosperidad para América Latina.
La degradación de la convivencia en América Latina se radicaliza al surgir grupos de civiles armados, sean los de las antiguas guerrillas promovidas por Cuba y luego a los grupos criminales que aparecieron con el tráfico de drogas, que al acumular enormes cantidades de dinero, tomaron control de muchos políticos, a quienes emplearon para que, a través de la obra pública, obtener el mecanismo para lavar sus recursos ilícitos.
Estos grupos además, han prostituído los sistemas de seguridad y justicia y tratan de cooptar el mercado de la producción de insumos básicos.
En términos simples, se puede pensar que América Latina salió de las dictaduras militares para caer en las garras de las dictaduras del crimen organizado. Las condiciones actuales, solamente están empujando a los países latinoamericanos a encontrar un equilibrio que ayude a recuperar la gobernabilidad, tomando el control de la seguridad pública, como ejemplo El Salvador, que cuenta con un presidente joven que demuestra determinación y compromiso por establecer condiciones de vida mejores para los salvadoreños. El tiempo la ha dado razón a la política gubernamental implementada por el presidente Nayib Bukele. Convirtió a El Salvador de un país con altos porcentajes de inseguridad a una nación segura, desarrollando la infraestructura de su país, mejorando los procesos de educación, pero sobre todo, le recuperó a los salvadoreños, el sueño de vivir en un país seguro, como lo era antes de la guerra civil que se registró en las décadas de los años setenta y ochenta.
Pero también desterró a la clase política que desangró los recursos de los salvadoreños, que habían perdido la esperanza por un país próspero y seguro.
Nayib Bukele, el presidente de El Salvador le ha permitido a los salvadoreños, uno de sus mayores sueños, vivir en paz y con tranquilidad.
Los dirigentes políticos que gobiernan en América Latina salen a decir que su país no es El Salvador, argumentan que territorialmente es más pequeño que sus naciones y que sus leyes son suficientes para mantener el orden público.

Mienten para esconder su incompetencia, el mismo Presidente Bukele le dijo a sus colegas de la región: “Y algunos políticos de la región lamentablemente se prestan a este juego; cuando es más bien un Estado Fallido que no puede cumplir ni siquiera con su labor principal, que es la labor principal de cada Estado», dar seguridad a sus ciudadanos.
En síntesis los países de América van a la deriva en su mayoría, mostrando la decadencia de una clase política que busca llegar al poder para enriquecerse, a incumplir sus funciones. Por eso no extraña que lleguen gobernantes que no estaban en el radar político de sus países, y que en otras naciones, aparezcan hasta cincuenta partidos políticos, alimentados por la ambición y el respaldo de la criminalidad.
América Latina debe despertar y defenestrar prácticas que han sido recurrentes, fracaso tras fracaso. Se debe dejar el círculo vicioso que busca el patrocinio de la criminalidad, porque el pago de esos favores solamente se está traduciendo en el deterioro de una de las regiones más ricas en recursos naturales, de yacimientos de petróleo, en producción de energía limpia, pero sobre todo en generaciones humanas preparadas para entrar al mercado laboral.
Al final, será la misma población quien decidirá si sigue en el camino oscuro de la criminalidad o asume un papel protagónico para defenestrar a las clases políticas actuales, que han mostrado estar coludidas con el crimen. El voto es la única herramienta que queda.

