El encuentro presidencial se realizará el 7 de marzo próximo, con solo 6 de 20 gobernantes invitados; la mayoría queda fuera
Por Diestra La Revista. Washington. El Presidente de los Estados Unidos Donald Trump invito a a reunión a los presidentes: Nayib Bukele (El Salvador), Nasry Asfura (Honduras), Daniel Noboa (Ecuador), Rodrigo Paz (Bolivia), Santiago Peña. (Paraguay) y Javier Milei de Argentina.
La reunión, que reúne a líderes alineados con la visión estratégica de la Casa Blanca, ha despertado atención regional por la significativa ausencia de otros 14 gobernantes latinoamericanos, lo que representa el 70 % de los mandatarios de la región.
Entre los jefes de Estado invitados figuran:
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Javier Milei, presidente de Argentina
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Nayib Bukele, presidente de El Salvador
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Santiago Peña, presidente de Paraguay
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Rodrigo Paz, presidente de Bolivia
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Daniel Noboa, presidente de Ecuador
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Nasry Asfura, presidente de Honduras
Estos seis líderes representan menos de una tercera parte de los gobiernos latinoamericanos y han sido identificados por Washington como aliados estratégicos en su agenda hemisférica.
¿Por qué la notable ausencia? Analistas llaman al mensaje “contundente”
Expertos en política internacional interpretan la ausencia de la mayoría de los mandatarios como una señal política deliberada de la administración Trump. Para analistas consultados por agencias de noticias, la lista seleccionada de invitados refleja la prioridad que Washington otorga a ciertos temas:
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Apoyo firme en la lucha contra el narcotráfico y el crimen organizado.
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Reducción de la influencia económica y política de China en la región.
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Rechazo a políticas sociales impulsadas desde programas estatales progresistas, incluyendo enfoques de igualdad de género.
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Fortalecimiento de valores tradicionales familiares.
Según estos observadores, el aviso tácito es claro: quienes no se alineen con estas prioridades han quedado relegados o “deberán esperar una próxima invitación”.
Un contexto geopolítico marcado por dos hechos recientes
La convocatoria del 7 de marzo se da en un momento de fuerte tensión en la región y en la política exterior de Washington, marcada por dos eventos:
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La caída del gobierno de Venezuela bajo Nicolás Maduro tras una operación militar estadounidense sin precedentes, que terminó con su captura y traslado a Nueva York para enfrentar cargos por narcotráfico, según funcionarios y reportes analíticos.
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La reciente asunción en Honduras de un presidente conservador respaldado por Trump durante la campaña electoral, consolidando un gobierno aliado ideológicamente cercano en Centroamérica.
Estos hechos han hecho que la política exterior norteamericana hacia Latinoamérica vuelva a situarse en el centro de debates globales.
Reinterpretación de la Doctrina Monroe: el “Corolario Trump”
La cumbre también será el primer gran escaparate político para consolidar lo que en la administración se ha denominado un “Corolario Trump” a la histórica Doctrina Monroe de 1823. Ese principio original declaraba el continente americano como una zona de influencia estadounidense, rechazando la intervención de potencias europeas. Trump ha invocado esta idea como justificación para afirmar una presencia más firme de EE. UU. en la región frente a actores extrarregionales, especialmente China.
La Casa Blanca ha planteado que este nuevo enfoque permitiría, entre otros objetivos:
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Proteger activos estratégicos en América Latina.
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Combatir el crimen organizado transnacional.
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Frenar flujos migratorios irregulares hacia el norte.
Funcionarios estadounidenses consideran que el escenario global actual obliga a vigilar la región con mayor determinación ante la expansión de potencias extrarregionales como Beijing.
Una agenda que divide a la región
La exclusión de líderes de gobiernos con posturas menos alineadas con Washington —especialmente aquellos con relaciones estrechas con China o con orientaciones políticas progresistas o socialistas— ha generado críticas desde diversos sectores diplomáticos y políticos en América Latina.
Mientras algunos ven en la cumbre un paso hacia una mayor cooperación hemisférica y seguridad regional, otros la califican como un intento de reimponer una influencia unilateral sobre los asuntos soberanos de los países latinoamericanos.
La cumbre del 7 de marzo en Miami se perfila así como un punto de inflexión en la diplomacia interamericana, cuyas consecuencias podrían reconfigurar las relaciones entre Estados Unidos y Latinoamérica en los próximos años.Ciudad de Miami

