Las fábulas cambian de personajes. La historia decide si encuentras parecidos.
Por Diestra la Revista en alianza con Hardy Intelligence.
New York.- Hay una escena que se repite con demasiada frecuencia en la historia de nuestros países. Un ciudadano joven observa desde fuera el ejercicio del poder y promete que, si algún día le corresponde gobernar, hará exactamente lo contrario de aquello que durante años criticó. Señala la corrupción, condena los privilegios, denuncia el tráfico de influencias, se opone a los subsidios, a los presupuestos grandes, pero sobre todo al comportamiento de los políticos, por eso exige transparencia y asegura que jamás utilizará el cargo para beneficio propio. Su discurso encuentra eco porque nace del cansancio de una sociedad que desea creer que siempre es posible hacer las cosas de manera distinta.
Sin embargo, la historia demuestra que el verdadero examen del carácter no ocurre mientras se observa el poder desde la oposición. El verdadero examen comienza el día en que ese ciudadano recibe las llaves del despacho, la escolta, el vehículo oficial, los privilegios y la autoridad para decidir sobre la vida de otros. Es entonces cuando aparece la diferencia entre quienes entendían el poder como un servicio y quienes, sin advertirlo, terminan creyendo que el poder les pertenece.
La segunda parte de La Noche de los Sobres LARGOS nace precisamente de esa reflexión. Está inspirada en un hecho real ocurrido en un país de Centroamérica, pero no pretende reconstruir un expediente judicial ni identificar a personas específicas. La fábula utiliza personajes simbólicos para hablar de una realidad que trasciende gobiernos, ideologías y fronteras: la facilidad con la que el poder puede deformar principios que parecían inquebrantables.
La historia que inspira este capítulo reúne tres elementos que, cuando se combinan, suelen producir consecuencias irreparables: el abuso del alcohol, el abuso del poder y el abuso de la ley y la miopía de la persecución, es decir muchos se tapan con la misma chamarra, pensando en el viejo adajio: «Arrieros somos y en el camino andamos.
Una cadena de decisiones terminó arrebatando una vida y dejó una familia que, muchos años después, continúa esperando justicia, en un ambiente preocupante que se combina con impunidad y enorme silencio. El tiempo ha pasado. Los cargos cambiaron de manos. Los discursos se renovaron. Pero el dolor de quienes perdieron a un ser querido permanece intacto.
Quizá el aspecto más inquietante no sea únicamente el hecho que dio origen a esta historia, sino todo lo que ocurrió después. En demasiadas ocasiones, cuando el poder se siente amenazado, intenta protegerse a sí mismo antes que proteger la verdad. Aparecen las órdenes de guardar silencio, los informes que nunca se escriben, las evidencias que desaparecen y las voces que son invitadas a olvidar. El silencio deja de ser una consecuencia del miedo para convertirse en una estrategia de supervivencia del propio poder.
Esa es la razón por la que en esta fábula el personaje más importante no es el Lobo Catrín, ni el Centurión, ni siquiera el Rey. El personaje central es el alguacil que guarda una pequeña libreta. Porque las grandes transformaciones de la historia rara vez comienzan con discursos grandilocuentes; suelen empezar con alguien que decide conservar una prueba, escribir una verdad o negarse a destruir un recuerdo.
Las sociedades sobreviven gracias a esas personas. Gracias a quienes entienden que la memoria también forma parte de la justicia. Gracias a quienes comprenden que el deber de un servidor público no termina cuando recibe una orden, sino cuando decide si esa orden es compatible con su conciencia.
Las fábulas existen precisamente para eso. No para señalar culpables, sino para explicar comportamientos. Cambian los animales, cambian los reinos, cambian los nombres y cambian las épocas. Lo único que permanece es la naturaleza humana enfrentada a la tentación del poder. Por eso, cuando un espectador observa el Reino del Bosque, en realidad está observando una pregunta mucho más profunda: ¿qué haría yo si mañana tuviera el poder que hoy critico?
En tiempos donde la velocidad de las redes sociales convierte cada noticia en un recuerdo efímero, creemos que las historias todavía tienen la capacidad de sembrar preguntas que sobreviven al paso del tiempo. Esa es la misión de Las Fábulas del Poder: utilizar la narrativa para recordar que los hechos pueden quedar archivados, pero las lecciones jamás deberían desaparecer.
Porque ninguna sociedad se fortalece cuando olvida. Se fortalece cuando aprende.
Y ninguna democracia madura cuando protege a los poderosos por encima de la verdad. Madura cuando comprende que la ley debe ser igual para todos, incluso para quienes alguna vez prometieron representar el cambio.
Hoy presentamos la segunda parte de La Noche de los Sobres LARGOS, una historia inspirada en hechos reales que invita a reflexionar sobre la ambición, el abuso del poder, el silencio y la responsabilidad individual de no permitir que la memoria sea sustituida por el olvido.
No sabemos cuánto tiempo puede permanecer escondida una verdad. La historia demuestra que, a veces, pasan años antes de que aparezca el documento, el testimonio o la conciencia capaz de romper el silencio. Pero también demuestra que ninguna estructura de poder es eterna y que ninguna decisión queda para siempre fuera del juicio de la historia.
Por eso esta serie termina siempre con la misma frase:
«La mentira nunca corre tan rápido… porque la verdad siempre la alcanza.»
Y quizá esa sea la mayor lección que deja esta historia.
El poder pasa tan rápido como el tiempo. Pero la arrogancia deja cicatrices que permanecen mucho después de que quienes la ejercieron abandonan el cargo.
Porque los cargos son prestados.
La autoridad es temporal.
Los privilegios terminan.
Pero las decisiones permanecen escritas en la memoria de los pueblos.
Y cuando la historia vuelve a abrir sus páginas, ya no pregunta quién tuvo el poder.
Pregunta qué hizo con él.
Las Fábulas del Poder
Capítulo 2: La Noche de los Sobres LARGOS – Segunda Parte
«Una producción exclusiva de Diestra La Revista.»
«La mentira nunca corre tan rápido… porque la verdad siempre la alcanza.»
Lea también: Capítulo 1: Las Fábulas del Pode. La noche de los Sobres LARGOS, parte 1.
https://diestralarevista.com/la-noche-de-los-sobres-largos/


