OPINIÓN
Por Froylan Callejas
(Ingeniero y analista de Honduras residente en España)
El regreso al debate público de la tesis del llamado “aterrizaje suave”, planteada años atrás por el exaspirante presidencial Arturo Cruz, ha vuelto a encender expectativas políticas dentro y fuera de Nicaragua sobre una posible transición que conduzca al final del régimen de Daniel Ortega y al eventual retorno de la democracia.
La discusión tomó fuerza nuevamente tras la reciente publicación del periodista y político Conservador de Nicaragua Ariel Montoya, de su última columna internacional publicada en Estados Unidos y en Hispanoamérica en diversos periodicos y medios en redes sociales, donde se retoma la idea de una salida transicional mediante el diálogo y la unidad politica de la oposición nicaragüense, evitando escenarios de confrontación violenta o colapso institucional.
Aunque el concepto había sido duramente cuestionado años atrás por sectores del exilio y parte de la oposición más radical, el estancamiento económico del país, el aislamiento internacional del régimen, las nuevas presiones geopolíticas en el hemisferio y las graves acusaciones vinculadas al narcotráfico han provocado que el tema vuelva a ocupar espacios de discusión en círculos diplomáticos, políticos y mediáticos.
En Managua, el silencio oficial sobre estas publicaciones ha contrastado con el creciente debate en redes sociales y foros políticos e incluso en sectores ciudadanos dentro y fuera de la nación centroaméricana.
Mientras algunos consideran que hablar de “aterrizaje suave” implica abrir espacio a negociaciones o garantías para figuras del oficialismo, otros sostienen que la prioridad nacional debe ser evitar una transición traumática que profundice la crisis económica y social.
Analistas vinculados al tema centroamericano aseguran que el solo hecho de que el concepto haya regresado al debate internacional refleja que Nicaragua vuelve a ser observada como un punto estratégico dentro de la política hemisférica de Estados Unidos y de varios gobiernos latinoamericanos preocupados por la influencia de Rusia, China e Irán en la región.
La tesis original de Arturo Cruz proponía una transición gradual y negociada que permitiera desmontar el modelo autoritario sin provocar una ruptura violenta del Estado.
En aquel momento, la propuesta fue vista con escepticismo por numerosos sectores opositores que exigían una salida inmediata del orteguismo y mayores mecanismos de justicia. Montoya en su columna deja claro que nadie apoyará otra medida para salir de la dictadura Castro Chavista que no sea desde una opción cívica, de transición, diálogo entre el régimen, la oposición política interna y externa ya organizada bajo la vigilancia internacional.
En ciudades como Miami, Madrid, San José, Los Ángeles y otras donde se concentra buena parte del exilio nicaragüense y de los centros de discusión política, el tema ha comenzado a verse no solo como una hipótesis académica, sino como un posible escenario político real. Montoya es además Vocero para el Exterior del Partido Liberal Independiente (PLI-HISTORICO) y director del Foro Anticomunista de Miami desde donde promueven arduamente la libertad «total» de todos los presos políticos no solo de Nicaragua, sino también de Cuba, Venezuela, Brasil y Chile.
Las recientes conversaciones alrededor de la audiencia sobre Nicaragua en el Congreso de Estados Unidos, promovida por la congresista María Elvira Salazar, también han alimentado las expectativas sobre un eventual cambio político en Managua.
Para muchos opositores, la sola posibilidad de discutir públicamente una transición confirma que la comunidad internacional, comienza a enfocarse menos en la permanencia indefinida del régimen.
El “aterrizaje suave”, una expresión que durante años provocó divisiones y polémicas, vuelve ahora a recorrer periódicos, programas políticos y conversaciones diplomáticas, en medio de crecientes expectativas sobre el posible inicio del fin de una de las etapas más tensas de la historia contemporánea nicaragüense.
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