Las declaraciones del secretario de Defensa estadounidense, Pete Hegseth, abren interrogantes sobre el alcance de la cooperación militar entre ambos países y contrastan con la posición expresada anteriormente por el Gobierno guatemalteco.
Por Diestra La Revista
Estados Unidos está acelerando la conformación de una estructura regional para enfrentar al narcotráfico y al crimen organizado mediante la Coalición de las Américas contra los Cárteles (A3C), principal instrumento operativo del denominado Escudo de las Américas. Durante el encuentro celebrado esta semana en Panamá, el secretario de Defensa estadounidense, Pete Hegseth, aseguró que Washington está decidido a trabajar junto con los países integrantes para desmantelar las organizaciones criminales transnacionales dedicadas al narcotráfico.
El encuentro reunió durante dos días a representantes de 19 países miembros de la coalición. De acuerdo con información oficial del Comando Sur de Estados Unidos, Hegseth recordó que meses atrás los países habían establecido una visión compartida para construir un hemisferio más seguro, proteger las fronteras y enfrentar a las organizaciones que Washington califica como narcoterroristas.
Pero esta vez el mensaje avanzó más allá de las declaraciones generales de cooperación.
Hegseth destacó las acciones desarrolladas conjuntamente con países latinoamericanos y mencionó específicamente a Guatemala y Honduras, a los que felicitó por invitar a Estados Unidos a participar en “operaciones combinadas” contra narcoterroristas dentro de sus respectivos países.
La expresión utilizada por el funcionario estadounidense introduce una interrogante fundamental para Guatemala:
¿Qué significa exactamente “operaciones combinadas” y hasta dónde llegará la participación de Estados Unidos dentro del territorio nacional?
Guatemala participa en la nueva estrategia
Guatemala no se encuentra al margen de las conversaciones.
El país forma parte del mecanismo regional impulsado por Washington y sus autoridades de seguridad y defensa han participado en las reuniones destinadas a construir una estrategia hemisférica contra las organizaciones criminales transnacionales.
La cooperación entre Guatemala y Estados Unidos contra el narcotráfico tampoco es nueva.
Durante décadas ambos países han desarrollado programas de capacitación, intercambio de inteligencia, vigilancia, equipamiento y coordinación para combatir las rutas utilizadas por organizaciones dedicadas al tráfico de drogas.
Lo que ahora merece explicación es si el concepto de “operaciones combinadas” representa únicamente una ampliación de esos mecanismos tradicionales o si supone participación operacional directa de personal estadounidense dentro del territorio guatemalteco.
La diferencia es importante.
No es lo mismo proporcionar inteligencia, tecnología, capacitación o asesoramiento a fuerzas guatemaltecas que participar directamente junto a ellas en operaciones contra objetivos localizados dentro del país.
El antecedente: Guatemala había marcado una línea
Las palabras del Secretario Hegseth adquieren especial importancia porque apenas unos meses atrás el Gobierno del presidente Bernardo Arévalo estableció públicamente una posición diferente frente a informaciones sobre posibles operaciones estadounidenses en Guatemala.
El 28 de mayo de 2026, después de que surgieran informaciones sobre la posibilidad de ataques estadounidenses contra narcotraficantes dentro del territorio nacional, el Gobierno negó que hubiera autorizado operaciones militares extranjeras.
La posición fue categórica:
“No existe ningún acuerdo que autorice operaciones militares extranjeras de ningún país dentro del territorio nacional”.
El Ejecutivo reconoció entonces haber solicitado cooperación estadounidense para combatir el narcotráfico, pero explicó que esa asistencia comprendía acceso a equipamiento, capacitación y expertos destinados a fortalecer operaciones guatemaltecas.
Es decir, Guatemala aceptaba cooperación.
Pero establecía una línea: las operaciones dentro del territorio nacional serían conducidas por Guatemala.
De mayo a agosto: ¿qué cambió?
Han transcurrido aproximadamente dos meses y medio.
Ahora es el secretario de Defensa estadounidense quien afirma públicamente que Guatemala ha invitado a Estados Unidos a participar en operaciones combinadas contra narcoterroristas en el país.
Las dos afirmaciones no necesariamente son incompatibles.
Una operación combinada podría desarrollarse bajo mando guatemalteco y dentro de los acuerdos existentes entre ambos países.
Pero precisamente por eso corresponde conocer qué significa operacional y jurídicamente la expresión utilizada por Hegseth.
¿Participarán militares estadounidenses directamente en operativos dentro de Guatemala?
¿Se limitará su intervención a inteligencia, logística, vigilancia, asesoramiento y tecnología?
¿Quién ejercerá el mando?
¿Quién seleccionará los objetivos?
¿Bajo qué legislación actuarán las fuerzas participantes?
¿Y qué institución guatemalteca autorizó el nuevo esquema?
El silencio que necesita una explicación
Hasta ahora, el elemento que llama la atención no es que Guatemala coopere con Estados Unidos.
Eso es conocido y ha sido reconocido públicamente por ambos gobiernos.
Lo relevante es que Washington está describiendo públicamente un nivel de cooperación que requiere mayor precisión por parte de Guatemala.
Frente a las informaciones surgidas en mayo, el Gobierno guatemalteco reaccionó y estableció claramente los límites que, según su versión, existían para la cooperación estadounidense.
Ahora, frente a una declaración pública del secretario de Defensa de Estados Unidos sobre operaciones combinadas dentro del país, no se conoce hasta el momento una explicación equivalente que establezca su naturaleza y alcance.
Ese silencio resulta especialmente significativo porque el argumento utilizado anteriormente por el Gobierno fue precisamente la defensa de la soberanía nacional.
No se trata de concluir anticipadamente que esa soberanía haya sido vulnerada.
Se trata de establecer si la política cambió.
Y, si cambió, conocer por qué.
Una coalición que comienza a pasar de las declaraciones a las operaciones
La reunión de Panamá demuestra además que la estrategia regional está evolucionando.
El comandante del Comando Sur de Estados Unidos, general Francis L. Donovan, explicó que los miembros de la coalición comparten una evaluación común sobre la amenaza representada por las redes criminales que operan en el hemisferio.
La siguiente fase contempla identificar redes prioritarias, distribuir responsabilidades entre los países, establecer grupos de trabajo y desarrollar mecanismos que permitan medir los resultados.
Esto significa que la A3C comienza a evolucionar desde una declaración política hacia una estructura de coordinación operacional.
Y Guatemala forma parte de ella.
ANÁLISIS | Centro de Estudios del Poder
Cooperación, seguridad y soberanía
La discusión no debería reducirse a estar a favor o en contra de la cooperación con Estados Unidos.
Guatemala enfrenta organizaciones criminales transnacionales con enormes recursos económicos, tecnología, armamento, estructuras logísticas y capacidad para operar simultáneamente en varios países.
Combatirlas requiere cooperación internacional.
Pero existe una diferencia fundamental entre cooperación internacional y transferencia de autoridad.
Un Estado soberano puede solicitar asistencia extranjera.
Puede compartir inteligencia.
Puede recibir tecnología.
Puede desarrollar operaciones coordinadas.
Incluso puede autorizar determinadas formas de participación operacional extranjera cuando su legislación lo permita.
La soberanía no significa aislamiento.
Significa que las decisiones sobre lo que ocurre dentro del territorio nacional son adoptadas por las instituciones legítimas del Estado, conforme a la Constitución y las leyes del país.
Por eso, la pregunta fundamental no debería ser si Estados Unidos ayudará a Guatemala.
Ya lo hace.
La pregunta es bajo qué reglas lo hará.
Cinco respuestas que Guatemala debería proporcionar
El Centro de Estudios del Poder considera que una explicación pública permitiría despejar cinco interrogantes fundamentales:
1. ¿Qué entiende el Gobierno de Guatemala por “operaciones combinadas”?
2. ¿Participará personal militar estadounidense directamente en operaciones dentro del territorio guatemalteco?
3. ¿Quién ejercerá el mando operacional cuando esas acciones se desarrollen dentro de Guatemala?
4. ¿Cuál es el marco jurídico que autoriza esa participación y cuáles serán sus límites?
5. ¿Continúa vigente la posición expresada por el Gobierno en mayo de que las operaciones contra el narcotráfico dentro del territorio nacional serán dirigidas por fuerzas guatemaltecas?
Responder estas preguntas no debilitaría la cooperación.
La fortalecería.
Permitirá conocer las reglas bajo las cuales dos países aliados enfrentarán conjuntamente una amenaza que supera sus fronteras.
La soberanía también puede perderse desde adentro
Existe además otro elemento que debe incorporarse al análisis.
Cuando hablamos de soberanía generalmente pensamos en la intervención de otro Estado.
Pero existe una amenaza menos visible.
El crimen organizado también puede erosionar la soberanía de un país.
Lo hace cuando controla territorios.
Cuando compra funcionarios.
Cuando penetra instituciones.
Cuando financia estructuras políticas.
Cuando obtiene información desde dentro del Estado.
Cuando condiciona decisiones de autoridades.
O cuando logra que determinadas instituciones sean incapaces de actuar contra sus intereses.
En esos escenarios, el Estado puede conservar formalmente sus fronteras mientras pierde gradualmente capacidad efectiva para ejercer autoridad dentro de ellas.
Por eso, la cooperación internacional contra el narcotráfico puede fortalecer la soberanía en lugar de debilitarla.
Pero solamente si las reglas están claramente establecidas.
Una decisión que Guatemala debe explicar
Existen, por lo menos, tres escenarios posibles.
El primero es que Hegseth esté utilizando el concepto de “operaciones combinadas” para describir mecanismos de cooperación que ya existían y que permanecen bajo conducción guatemalteca.
El segundo es que Guatemala haya decidido ampliar la participación operacional estadounidense como respuesta al crecimiento de la amenaza del narcotráfico.
Y el tercero es que exista una diferencia entre la manera en que Washington y Guatemala interpretan el alcance de los acuerdos.
Cualquiera de los tres escenarios merece una explicación.
Porque cuando dos gobiernos utilizan expresiones diferentes para describir una misma política de seguridad, la claridad institucional resulta indispensable.
El poder también se estudia por sus silencios
Este episodio permite observar una dinámica característica de las relaciones de poder entre Estados.
No solamente importa qué se decide.
También importa quién lo anuncia.
En mayo fue Guatemala quien estableció públicamente los límites de la cooperación.
En agosto es Estados Unidos quien anuncia públicamente que Guatemala lo ha invitado a participar en operaciones combinadas dentro del país.
Entre ambas declaraciones existe un espacio de información que todavía debe ser explicado.
Si Guatemala efectivamente autorizó una nueva modalidad de operaciones combinadas, el país necesita conocer sus alcances.
Si las palabras del Secretario Hegseth describen simplemente la cooperación que ya existía, corresponde explicarlo.
Y si existe una interpretación diferente entre ambos gobiernos, también debería aclararse.
La lucha contra el narcotráfico constituye uno de los mayores desafíos para la seguridad y gobernabilidad de Guatemala.
La cooperación estadounidense puede proporcionar inteligencia, tecnología, capacidad operacional y recursos importantes para enfrentar estructuras criminales que actúan internacionalmente.
Pero precisamente por la dimensión de esa batalla, seguridad, cooperación y soberanía necesitan reglas claras, responsabilidades definidas y transparencia frente a los ciudadanos.
Por ello, después de las declaraciones realizadas en Panamá, queda planteada una pregunta:
¿Cambió la política de Guatemala frente a las operaciones estadounidenses en su territorio, o cambió únicamente la manera de describir esa cooperación?
El poder deja señales. Nosotros las estudiamos.
Centro de Estudios del Poder
Conocimiento para fortalecer la gobernanza democrática.
También: https://diestralarevista.com/elegimos-gobernantes-y-despues/


