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martes, febrero 27, 2024

LA DESTRUCCIÓN DE AL ZAHRA, EL BARRIO MÁS BONITO DE GAZA

BBC Mundo

Hacia el mediodía del viernes 20 de octubre, los residentes del exclusivo barrio gazatí de al Zahra se hallaban frente a los escombros y el polvo de lo que antes eran sus hogares.

Los viernes solían ser especiales: el día de la oración en el islam marca el comienzo del fin de semana y en al Zahra esto significaba falafel y hummus, café y té, todo servido en amplios apartamentos o villas junto al mar Mediterráneo. Sus habitantes sabían que eran más afortunados que la mayoría de los habitantes de Gaza.

Pero de la noche a la mañana, las bombas israelíes habían arrasado 25 bloques de apartamentos, hogar para muchos cientos de personas.

Israel llevaba días bombardeando Gaza en respuesta a los atentados de Hamás del 7 de octubre, pero el barrio de al Zahra no había sido afectado hasta entonces.

Algunos de quienes vivían allí -entre ellos médicos, abogados, académicos, diseñadores de moda y empresarios- intentaron quedarse y sobrevivir entre las ruinas, pero la mayoría recogió lo poco que pudo salvar y se dispersó por la Franja de Gaza.

Hana Hussen, que creció en al Zahra, siguió las noticias con horror desde Turquía, a cientos de kilómetros de distancia, adonde se mudó hace dos años. Ese mismo día, llamó a su familia para comprobar que estaban a salvo.

Les dijo que los quería.

Luego la línea se cortó.

«GRACIAS POR PREGUNTAR. SEGUIMOS VIVOS».

Los residentes de los bloques de apartamentos destruidos se habían refugiado de las bombas en una universidad cercana gracias a los esfuerzos del dentista Mahmoud Shaheen, que lideró una evacuación masiva de sus vecinos.

La BBC contó cómo Shaheen recibió de madrugada una llamada telefónica de un agente de inteligencia israelí advirtiéndole de que los bloques iban a ser bombardeados.

Las Fuerzas de Defensa de Israel (FDI) nos dijeron que «no podían responder a preguntas operativas específicas» cuando inquirimos sobre su decisión de atacar los bloques de viviendas de al Zahra.

Añadieron que Hamás estaba atacando a Israel desde toda la Franja de Gaza y se había «incrustado en infraestructuras civiles».

Israel no ha dado el nombre de ningún agente de Hamás muerto en los ataques contra al Zahra, y se cree que no murió nadie.

Israel sostiene que su estrategia ha consistido en erradicar a Hamás, a quienes acusa de operar en el corazón de comunidades civiles, y que toma medidas para mitigar las muertes de civiles, como la llamada telefónica que informamos que recibió Mahmoud Shaheen en la que se le indicaba evacuar el barrio.

El agente que llamó al dentista también le dijo: «Vemos cosas que ustedes no ven».

Puede que los vecinos de Shaheen escaparan con vida, pero no todos sobrevivieron a lo que estaba por venir.

La BBC pasó dos semanas hablando con varias familias de la zona, tanto residentes de más tiempo como jóvenes y ambiciosos recién llegados.

Nos contaron cómo cogieron lo que pudieron de sus casas, vieron cómo esas casas explotaban ante sus ojos y luego se dispersaron por Gaza hacia un destino incierto.

Desde refugios improvisados y casas provisionales repartidas por toda la franja, los residentes querían contar la historia de la vida y la desaparición de un barrio que amaban.

Nuestras comunicaciones han sido a través de llamadas entrecortadas -a veces con bombas sonando de fondo- y mensajes esporádicos de WhatsApp.

La gente cortaba las conversaciones para huir o buscar refugio. En algunos casos, hemos perdido el contacto durante días.

Hace poco, después de un apagón de las comunicaciones durante los intensos ataques israelíes sobre la franja, un residente de al Zahra dejó un breve mensaje: «Gracias por preguntar. Seguimos vivos».

Nuestras conversaciones revelan que no todos los que abandonaron al Zahra sobrevivieron.

Entre los muertos se encuentra un joven fisicoculturista cuyas últimas palabras a un amigo, según las publicaciones en las redes sociales, fueron: «Ya no queda nada».

El Ministerio de Salud, administrado por Hamás, afirma que más de 10.000 palestinos han muerto en Gaza desde el comienzo de la guerra. Más de un tercio de ellos eran niños.

La Franja de Gaza está densamente pobladaTiene altos niveles de pobreza y estrictos controles de entrada y salida.

Pero al Zahra era un barrio de casas grandes y amplios espacios al aire libre con árboles de almendra e higo, canchas deportivas y parques.

Al Zahra fue creada en la década de 1990 por el difunto presidente de la Autoridad Palestina (AP), Yasser Arafat, como un lugar para funcionarios y simpatizantes.

Los locales afirman que seguía teniendo fuertes vínculos con la AP, que tiene su sede en la Cisjordania ocupada y es acérrima rival de Hamás.

Se encuentra justo al norte del río Wadi Gaza, un punto del que Israel ordenó a la población civil desplazarse hacia el sur el 13 de octubre.

Los bombardeos son la respuesta de Israel a los cientos de militantes de Hamás que arrasaron la frontera, mataron a más de 1.200 personas en Israel, en su mayoría civiles y entre ellos muchos niños, y tomaron a más de 200 rehenes.

La brutalidad de los ataques en los pueblos del sur de Israel y la masacre de jóvenes reunidos en un festival de música traumatizaron al país.

Todas las personas con las que hablamos insistieron en que, hasta donde ellos sabían, esta zona estaba tan alejada de Hamás y sus operaciones como es posible estarlo en Gaza, donde Hamás gobierna desde 2007.

«Aquí no había militares», nos dijo alguien. «Ni siquiera creo que hubiera simpatizantes de Hamás viviendo aquí».

Para Nashwa Rezeq, que llevaba 18 años viviendo en al Zahra, era «la mejor localidad de todas».

Nashwa está muy involucrada en los comités de vecinos y en un consejo local de jóvenes. Desde hace más de una década es una de las responsables de un grupo comunitario en Facebook.

Si uno le pregunta por un vecino en particular, es probable que ella lo conozca e incluso sepa su número de teléfono.

La página de Facebook tiene unos 10.000 seguidores. En vísperas de la guerra había publicaciones sobre un torneo de billar en una cafetería local y un mensaje de felicitación a un estudiante que se graduaba.

Ahora el grupo de Facebook es donde comparten actualizaciones sobre la destrucción de su barrio y registran las muertes de quienes vivían allí. El grupo nunca había tenido a Nashwa tan ocupada.

Una publicación reciente lamenta la muerte de una familia en un ataque contra su restaurante italiano.

Cuando se declaró la guerra, Nashwa se desplazó hacia el sur con su marido y sus cuatro hijos, como siempre hacía la familia durante las escaladas de tensión.

Le dio una llave a su vecino y le pidió que cuidara de sus queridas plantas mientras ella no estaba.

Dos días después de los primeros bombardeos, su edificio, el más alto de al Zahra, fue destruido al amanecer.

«Alguien me llamó y me dijo: ‘Acabo de pasar por delante de tu torre y está todo por los suelos'», recuerda.

Describe su casa en el quinto piso como «muy grande y espaciosa». Su familia la compró y la mejoró a lo largo de una década: hace poco habían comprado un nuevo aire acondicionado, un televisor y muebles.

«Mucha gente dice que es sólo dinero, pero para mí mi casa era mi alma».

Ahora, en el sur de Gaza, dice que su familia sigue en peligro. «Hace tres días bombardearon la casa de al lado. El humo de ese bombardeo nos sofocó».

Nashwa Rezeq con su hijo.

«MUCHA GENTE DICE QUE ES SOLO DINERO, PERO PARA MÍ MI CASA ERA MI ALMA».

Sus hijos siguen preguntando por qué no pudieron llevarse el nuevo aire acondicionado y la televisión cuando huyeron de al Zahra.

También siguen preguntando cuándo podrán volver a casa y recuperar sus juguetes.

Para Nashwa, se trata de sus plantas: «Las amaba a todas».

El profesor universitario Ahmed Hammad, que vivía en un edificio cercano al de Nashwa, era otro miembro de esta comunidad. Fue uno de los que decidieron quedarse después de los ataques.

Ahmed, de unos 50 años, profesor de Medios y Comunicación en una universidad en el norte del barrio, se muestra ansioso por enviarnos sus trabajos de investigación y habla con orgullo de sus seis hijos, de entre 8 y 27 años.

«Uno de ellos es dentista, otro trabaja en informática, otro estudió literatura inglesa en la universidad. Los otros tres siguen en el colegio», dice.

Cuando hablamos por teléfono el mes pasado, Ahmed y su familia estaban refugiados en su casa de al Zahra, sin puertas ni ventanas.

Como ya no podían ir al trabajo ni a la escuela, pasaban el tiempo buscando leña para cocinar.

Se quedaron allí porque estaban demasiado asustados para evacuar y preocupados por la posibilidad de quedar atrapados en medio de los ataques mientras se desplazaban hacia el sur.

Pero la noche del 27 de octubre, Israel intensificó los ataques aéreos y amplió sus operaciones terrestres, y perdimos el contacto con Ahmed.

Días después, se puso en contacto con nosotros para contarnos que habían abandonado su barrio tras una «noche muy, muy dura» y una mañana aún peor.

Ahmed cuenta que esquivaron «bombardeos continuos» durante su camino hacia el sur.

«Cada vez que caía una bomba, nos tirábamos al suelo».

El profesor universitario Ahmed Hammad.

AHMED CUENTA QUE ESQUIVARON «BOMBARDEOS CONTINUOS» DURANTE SU VIAJE AL SUR.

En Turquía, Hana seguía pegada al teléfono esperando noticias de su familia.

Mientras tanto, nos contó historias sobre lo que ella llama «el lugar más hermoso y cálido del mundo».

Los vecinos de al Zahra se congregaban en la playa y llenaban la calle principal al amanecer y al atardecer.

Los viernes, Hana y sus amigos iban allí a contar chistes e historias de la semana, evoca.

Una señal de lo mucho que la guerra cambió la vida allí es que Hana empezó a recibir mensajes «inquietantes» de esos mismos amigos: una le preguntaba si ella cuidaría de sus hijos en caso de que muriera, otras le pedían consejos sobre «alternativas a los productos de higiene femenina».

Otro deseaba tener agua potable para beber.

Tras muchos días de espera, Hana se puso por fin en contacto con su familia, incluido su hermano Yahya, a quien describe como su alma gemela.

Yahya forma parte de una nueva generación de empresarios de al Zahra.

Este diseñador de moda de 30 años prefiere hablar de su vida de antes en lugar de hablar de su actual alojamiento hacinado al sur del barrio, al que llegó luego de caminar con su familia durante varias horas después de que su casa quedara destruida.

Yahya se acuerda de cómo era escuchar el sonido de los pájaros mientras contemplaba su barrio desde la terraza del edificio en el que vivía su familia.

Mohamed fuera de su departamento destrozado.

«NUESTRA CASA AHORA ES LA CALLE. TODO QUEDÓ DESTRUIDO».»

La gente subía a menudo videos desde las terrazas de al Zahra mostrando los colores espectaculares del atardecer.

«Todas esas cosas nos hacían sentir felices», explica Yahya por WhatsApp.

En una serie de mensajes, Yahya enumera algunas de las cosas que más le gustaban de su barrio: «Las luces por la noche. El mar. Una ciudad tranquila y elegante».

Ahora, a veces termina abruptamente las conversaciones de WhatsApp. «¿Puedo irme ya? Hay una bomba cerca de mí», dice en un mensaje.

Salió de al Zahra con dos maletas que contenían un iPad, documentos, una sudadera con capucha, una botella de agua, su pasaporte, chocolate y un botiquín de primeros auxilios. Se vio obligado a dejar atrás sus elaborados diseños, sus telas, vestidos y faldas.

«Y máquinas de coser. Y un montón de bonitos recuerdos», dice.

Los primos Ali, de 28 años, y Mohamed, de 25, también son jóvenes empresarios de la ciudad, y tenían trabajos ajetreados en al Zahra como pastelero y dueño de una cafetería, respectivamente.

Ambos vivían en la hilera de edificios destruidos el 19 y 20 de octubre.

Habían invertido mucho dinero en construir una vida allí.

Ali se casó a principios de año y se gastó unos US$7.000 en muebles nuevos que se quedaron en la casa donde vivían él y su esposa embarazada.

Su familia se mudó allí desde Ciudad de Gaza durante la guerra de 2014 entre Hamás e Israel, pensando que era «el lugar más seguro» para estar.

El mes pasado alistaron maletas con dos conjuntos de ropa por si necesitaban huir. «Una maleta para mi madre, otra para mi hermano y otra para mi mujer», explica.

El 19 de octubre, la familia agarró esas maletas y dejó todo lo demás atrás.

Cuando las bombas impactaron en su edificio, Ali cuenta que todas las pérdidas fueron dobles: los muebles nuevos de él y su mujer quedaron destruidos junto a las pertenencias de sus padres. Dos neveras, dos lavadoras, dos sofás.

Mohamed cuenta que su padre acababa de hacer el último pago de su casa, cuando también ellos fueron evacuados aquella noche.

«Terminó de pagar el apartamento y ahora el apartamento desapareció», apunta.

Ahora se pasa el día buscando agua: «No hay tiempo para descansar».

Echa de menos la cafetería que tenía en el campus de la universidad, con su mesa de billar y el cuadro del rapero estadounidense Tupac Shakur en la pared.

Echa de menos ir al gimnasio todos los días. Pero sobre todo echa de menos a sus amigos. «Bromeábamos, nos reíamos. Nos quedábamos juntos hasta medianoche».

El periodista Abdullah al Khatib dice que su familia también perdió cuatro casas en los bombardeos.

Cuenta que su hijo no deja de preguntar cuándo podrá volver a casa y jugar con sus amigos en el parque. Pero es posible que nunca pueda volver.

«Nuestra casa ahora es la calle. Todo quedó destruido», afirma.

Mahmoud, el dentista que atendió la llamada de evacuación, es ahora voluntario en un centro médico del centro de Gaza.

«Huelo los olores más horribles. No te bañas y hay 130 personas contigo», expone.

Mahmoud dice que se siente afortunado de tener suficiente dinero para pagar los precios inflados de los artículos del día a día.

Uno de los amigos íntimos de Mahmoud se quedó en una villa en al Zahra, y el dentista le envió hace poco harina para que pudiera hacer pan.

Pero esos mismos artículos escasean cada vez más.

«Hoy fui a todas las tiendas en busca de lentejas… y no quiero exagerar, entré en al menos 40 tiendas por lentejas y no pude encontrar nada», dice. «Un tendero me dijo: ‘No pierdas el tiempo'».

Mahmoud dice que espera volver a al Zahra cuando acabe la guerra.

«Espero que Dios nos deje sobrevivir y entonces intentaremos arreglar las cosas».

Las FDI afirman que Hamás sigue operando desde toda la Franja de Gaza.

Y añaden: «Como parte de la misión de desmantelar la organización terrorista Hamás, las FDI han estado atacando objetivos militares en toda la Franja de Gaza.

Los ataques contra objetivos militares están sujetos a las disposiciones pertinentes del derecho internacional, incluida la adopción de medidas de precaución viables para mitigar las bajas civiles».

Hana fue por última vez a al Zahra hace cinco meses, sin saber que sería la última vez que vería su hogar.

«Si lo hubiera sabido, me habría… despedido de las paredes de mi habitación, que amo, y que han sido testigo de momentos de alegría y tristeza en mi vida.

«Me habría llevado muchas de mis pertenencias que guardan recuerdos de momentos entrañables», dice.

«Nos dejaron sin nada. Absolutamente nada».

«NOS DEJARON SIN NADA. ABSOLUTA-MENTE NADA».

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