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martes, septiembre 1, 2026

EL DINERO QUE NADIE MIRA: MILLONES ESPERAN MIENTRAS LAS OBRAS TAMBIÉN

Guatemala discute cada año cuánto debe gastar el Estado, cuánto debe endeudarse y cuánto falta para carreteras, hospitales, escuelas y seguridad. Pero existe una pregunta mucho menos frecuente: ¿qué ocurre con el dinero público durante el tiempo en que todavía no se ejecuta?

Por Diestra La Revista

Hay una escena que los guatemaltecos conocen demasiado bien: carreteras deterioradas, proyectos que avanzan lentamente, infraestructura pendiente y dependencias públicas reclamando mayores recursos. Paralelamente, cada año el Congreso aprueba un presupuesto multimillonario y el Estado continúa recurriendo al endeudamiento para financiar parte de sus obligaciones.

Pero entre esos dos extremos, conseguir el dinero y gastarlo, existe un territorio casi invisible.

Es el tiempo del dinero.

Porque cuando un recurso ingresa a las disponibilidades del Estado no desaparece mientras espera ser utilizado. Permanece registrado en cuentas, depósitos y disponibilidades financieras hasta que finalmente es destinado al pago correspondiente.

Y allí comienza la investigación de Diestra La Revista.

Q27 MIL MILLONES: UNA FOTOGRAFÍA QUE OBLIGA A PREGUNTAR

Los estados financieros auditados del Banco de Guatemala revelan una cifra que ayuda a comprender la dimensión del fenómeno.

Al 31 de diciembre de 2025, los Depósitos del Gobierno General en el Banco de Guatemala ascendían a Q27,371.4 millones.

Un año antes eran Q22,402 millones.

Es decir, entre diciembre de 2024 y diciembre de 2025 el saldo aumentó aproximadamente Q4,969.5 millones.

La mayor parte correspondía a depósitos provenientes del Presupuesto General de la Nación: Q25,496.3 millones. Otros Q1,840.6 millones correspondían a entidades descentralizadas.

Esto no significa que ese dinero estuviera irregularmente retenido, que estuviera disponible para gastarse inmediatamente ni que representara recursos presupuestarios abandonados. Los saldos públicos responden a múltiples obligaciones, programación de caja y necesidades operativas.

Pero la cifra demuestra algo fundamental:

El dinero público tiene una ruta financiera antes de convertirse en gasto.

Y esa ruta merece ser entendida.

EJECUTAR NO ES LO MISMO QUE TENER DINERO

Al cierre de 2025, el Ministerio de Finanzas reportó una ejecución presupuestaria de la Administración Central de 90.6%.

Pero el promedio esconde diferencias importantes.

Mientras algunas instituciones registraron niveles elevados de ejecución, el Ministerio de Comunicaciones, Infraestructura y Vivienda cerró con 68.2%, y el Ministerio de Cultura y Deportes con 65.6%, según cifras oficiales del Sistema de Contabilidad Integrada.

Esto plantea una distinción esencial.

Una cosa es que exista presupuesto.

Otra que exista disponibilidad financiera.

Y otra completamente distinta es que el Estado consiga transformar esos recursos en carreteras, escuelas, hospitales, medicamentos, seguridad o servicios.

El dinero puede existir mucho antes de que la obra exista.

Y MIENTRAS TANTO, EL ESTADO SIGUE ENDEUDÁNDOSE

Para 2026, la estrategia presupuestaria contempla negociaciones y/o desembolsos de deuda por Q33,514.8 millones.

La estimación oficial proyecta que el saldo de la deuda pública presupuestaria podría pasar de Q256,242.2 millones al cierre de 2025 a Q287,348.5 millones al finalizar 2026, considerando también las amortizaciones previstas.

El endeudamiento no constituye por sí mismo una anomalía. Los gobiernos utilizan deuda para financiar déficit, inversión y obligaciones públicas.

La pregunta de Diestra La Revista es diferente:

¿Qué sucede entre el momento en que el Estado obtiene los recursos y el momento en que finalmente los ejecuta?

LOS DEPÓSITOS PÚBLICOS NO SON UN SECRETO

Existe además un elemento sorprendente: buena parte de la información necesaria para comenzar a reconstruir esa ruta es pública.

La Contraloría General de Cuentas mantiene registros de “Depósitos con Fondos Públicos” desde 2009 hasta 2026.

La publicación responde al artículo 10, numeral 9, de la Ley de Acceso a la Información Pública e incluye depósitos constituidos con recursos provenientes de ingresos ordinarios, extraordinarios, impuestos, fondos privativos, empréstitos y donaciones.

Para 2026, la Contraloría continúa publicando mensualmente información en formatos PDF y Excel.

Es decir:

La ruta existe.

Los registros existen.

Las cuentas existen.

Los movimientos existen.

Lo que falta es reconstruirlos.

EL DINERO PÚBLICO Y EL PODER FINANCIERO

Hay otro elemento que Diestra La Revista considera necesario observar.

La relación entre el Estado y el sistema financiero guatemalteco no se limita a que una institución pública abra una cuenta bancaria. Existen entidades financieras en las que, por disposición legal y bajo diferentes mecanismos, el Estado participa en su propiedad, gobierno corporativo o designación de autoridades.

Los modelos son distintos y no deben confundirse.

En Banrural, banco de capital mixto y estructura multisectorial, el Estado participa mediante la Serie A y cuenta con representación dentro de su Consejo de Administración. En el Banco de los Trabajadores, la legislación faculta al Presidente de la República para designar al presidente y presidente suplente de su Junta Directiva. Y el Crédito Hipotecario Nacional mantiene una vinculación institucional directa con el Estado y participación gubernamental dentro de su estructura de dirección.

Nada de esto constituye por sí mismo una irregularidad.

Pero plantea una cuestión indispensable cuando simultáneamente hablamos de depósitos públicos, nóminas, disponibilidades y servicios financieros contratados o utilizados por instituciones estatales:

¿QUIÉN DECIDE DÓNDE SE MANEJA EL DINERO PÚBLICO?

Diestra La Revista busca establecer qué instituciones toman esas decisiones, cuáles son los criterios financieros utilizados, quiénes participan en ellas y qué mecanismos existen para evitar conflictos de interés.

Porque cuando una decisión del Estado puede representar un beneficio económico para una institución financiera en cuya estructura también existe participación o representación pública, la transparencia sobre el proceso de decisión resulta fundamental.

EL NEGOCIO TAMBIÉN PUEDE ESTAR EN LAS CUENTAS

Hay además otra dimensión que comenzaremos a investigar.

Miles de trabajadores públicos reciben cada mes sus salarios a través del sistema bancario. Cada uno de esos trabajadores puede convertirse, además de receptor de una nómina estatal, en cliente de una institución financiera.

Una cuenta puede significar cargos por manejo, tarjeta, créditos, chequeras, seguros y otros productos.

Diestra La Revista  está verificando específicamente un cargo mensual de Q5 asociado a determinadas cuentas monetarias en Banrural, así como las condiciones bajo las cuales se aplica.

Todavía desconocemos cuántas cuentas utilizadas para recibir salarios públicos están sujetas efectivamente a ese cobro.

Pero podemos comprender la dimensión mediante un ejercicio estrictamente hipotético.

Si existieran 223,000 cuentas sujetas a Q5 mensuales:

223,000 × Q5 = Q1,115,000 mensuales.

En doce meses:

Q13,380,000.

La cifra no representa ingresos que Diestra La Revista  atribuya actualmente a ningún banco. No hemos confirmado que existan 223,000 cuentas de empleados públicos en una institución determinada ni que todas paguen ese cargo.

Precisamente esa será una de las preguntas de nuestra siguiente entrega:

¿CUÁNTO VALE LA NÓMINA DEL ESTADO?

Y no se trata solamente de Q5.

Queremos determinar cuántos trabajadores públicos reciben sus salarios en cada institución financiera, cuánto dinero mueve mensualmente esa nómina, qué servicios están asociados a esas cuentas y cuál es el valor económico que representa administrar una base de clientes alimentada regularmente por recursos provenientes del Estado.

Y DESPUÉS VIENE EL RELOJ

Existe finalmente una pregunta todavía más importante.

Cuando el Estado transfiere millones para pagar salarios, proveedores u otras obligaciones:

¿cuándo sale el dinero?

¿cuándo llega efectivamente a su destinatario?

¿qué ocurre durante ese intervalo?

Todavía no tenemos elementos suficientes para afirmar que exista un período sistemático de 24, 48 o 72 horas.

Por eso no vamos a afirmarlo.

VAMOS A MEDIRLO.

Estamos buscando fechas de transferencia, fechas de acreditación, montos y condiciones financieras.

Porque cuando hablamos de millones de quetzales, el tiempo también puede tener valor.

Una carretera detenida puede verse.

Un hospital sin terminar puede fotografiarse.
Una escuela abandonada puede recorrerse.

Pero el dinero que espera no hace ruido.

Durante años hemos buscado corrupción siguiendo el dinero que el Estado gasta.

Quizá también debamos aprender a seguir el dinero que todavía no gasta.

La falta de ejecución no demuestra corrupción.

Pero tampoco debería significar que dejemos de preguntar qué ocurrió con esos recursos mientras esperaban.

¿Dónde permanecieron?

¿Durante cuánto tiempo?

¿Quién tomó la decisión?

¿Quién obtuvo un beneficio legítimo?

¿Y alguien obtuvo uno que nunca debió recibir?

Diestra La Revista no tiene hoy evidencia para afirmar esto último.

Por eso vamos a investigarlo.

No buscamos un banco.

No buscamos confirmar una acusación.

Seguimos el dinero.

Y dejaremos que el dinero nos diga hasta dónde debemos llegar.

Aquí aparece la pregunta que pocas veces forma parte de la discusión pública.

El sistema financiero funciona precisamente porque el dinero tiene valor en el tiempo.

DEUDA → DESEMBOLSO → DISPONIBILIDAD → DEPÓSITO → TIEMPO → RENDIMIENTO → EJECUCIÓN.

LA SEGUNDA RUTA: EL DINERO SALE, PERO TODAVÍA NO TERMINA SU VIAJE

Existe otra dimensión.

Cada mes el Estado debe pagar salarios, pensiones, proveedores y numerosas obligaciones.

Para hacerlo, enormes cantidades de dinero se trasladan dentro del sistema financiero.

Entonces aparecen nuevas preguntas:

¿Cuándo sale el dinero de las cuentas públicas?

¿Cuándo llega efectivamente al beneficiario?

¿Qué institución financiera lo recibe?

¿Cuántas horas transcurren?

¿Qué ocurre financieramente durante ese intervalo?

¿Existen cuentas que generan intereses?

¿Quién recibe esos intereses?

¿Cuánto representa administrar miles de cuentas vinculadas con pagos provenientes del Estado?

Esta será una segunda etapa de la investigación.

UNA CIFRA PRIVADA QUE AYUDA A ENTENDER LA DIMENSIÓN

Hay otro dato público que permite observar la magnitud de la relación entre recursos públicos y sistema financiero.

Banrural informó en su Memoria de Labores 2025 que cerró el año con Q116,635 millones en obligaciones depositarias.

El propio banco señala que su estructura de depósitos estaba integrada en 82% por público en general, 15% por entidades descentralizadas y 3% por el Estado.

Eso equivale, utilizando los porcentajes reportados por la propia institución, a aproximadamente Q20,994 millones asociados conjuntamente a las categorías Estado y entidades descentralizadas.

La cifra no significa que esos Q20,994 millones fueran presupuesto sin ejecutar. Tampoco significa que fueran recursos ociosos ni que produjeran determinada cantidad de intereses.

Significa algo mucho más concreto:

El sector público representa una presencia económicamente relevante dentro de la estructura de depósitos de una de las mayores instituciones financieras del país.

Banrural reportó además más de 7.5 millones de cuentas de depósito, más de cuatro millones de clientes y utilidades netas por Q3,359 millones en 2025.

Diestra La Revista investigará qué parte de esa relación corresponde a cuentas institucionales, nóminas, pagos, pensiones y otros servicios vinculados con recursos públicos, sin atribuir de antemano irregularidades a ninguna institución.

LA PREGUNTA QUE ESTABA FRENTE A TODOS

Durante años la discusión ha sido:

¿Cuánto dinero tiene el Gobierno?

Después:

¿Cuánto gastó?

Y cuando falta:

¿Cuánto más necesita pedir prestado?

Quizá falta una pregunta en medio:

¿QUÉ PASA CON EL DINERO MIENTRAS ESPERA?

No estamos afirmando que exista una irregularidad.

No estamos diciendo que una institución financiera se apropie indebidamente de recursos públicos.

Y tampoco estamos atribuyendo beneficios clandestinos a funcionarios o empresarios.

Estamos haciendo algo más elemental:

Seguir el dinero.

Diestra La Revista comenzó a revisar documentos públicos, depósitos, ejecución presupuestaria, deuda, cuentas, mecanismos de pago y tiempos de transferencia para reconstruir una ruta que mueve miles de millones de quetzales.

Porque una carretera detenida puede verse.

Un hospital sin terminar puede fotografiarse.

Una escuela abandonada puede recorrerse.

Pero el dinero que espera no hace ruido.

Permanece en una cuenta.

Se mueve electrónicamente.

Cambia de institución.

Espera una orden.

Y continúa teniendo valor mientras pasa el tiempo.

Por eso esta investigación comienza con una pregunta extraordinariamente sencilla:

¿DÓNDE ESTÁ EL DINERO?

DIESTRA LA REVISTA

INVESTIGACIÓN ESPECIAL

LA MAFIA DE LOS INTERESES

MAŃANA:

Pero conocer dónde está el dinero abre inmediatamente otra pregunta: ¿quién tiene la capacidad de administrarlo?

Lea también: https://diestralarevista.com/las-fabulas-del-poder-politica-narco-y-prensa-iii/

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